senderos de extremadura

Ejemplo de patio porticado con su típico pozo. Detalle de casa particular

LLERENA MUDÉJAR
O el descubrimiento del color en la arquitectura popular más antigua

José Iñesta Mena. Licenciado en Historia


       Quizás alguna vez nos hemos preguntado cómo eran nuestros blanquísimos pueblos bajoextremeños en la Edad Media. Cómo eran la mayoría de sus casas, formas, colores,... ¿Fueron siempre realmente blancas?

Detalle de la ventana del Rincón de Viar.Llerena, en este año 2000, ha dado un paso importante y sorprendente en la satisfacción de esa curiosidad tan humana, y específica, recuperando una pequeña parte de su arquitectura popular más antigua, arquitectura que en este caso conocemos con el nombre genérico de "mudéjar". En el terreno de lo popular, nuestros conocimientos sobre sus formas eran escasos y yo diría nulos en lo que respecta a la imagen real y al color desde una perspectiva general. Aquellas casas de nuestros antepasados, construidas entre los siglos XIV al XVII, las creíamos perdidas y, sin embargo, gracias a pacientes investigaciones arqueológicas, ahora sabemos que muchas están vivas, siguen entre nosotros, aunque prácticamente ocultas a la vista, enmascaradas o transformadas por múltiples intervenciones seculares: mutilaciones, añadidos, apertura de nuevas puertas o ventanas, revocos y , sobre todo, capas y capas de encalados que ocultan su primitiva personalidad estética. Tal vez esta ocultación junto al carácter anónimo de sus constructores, entre otras circunstancias, hizo que estas casas sencillas y antiguas pasaran desapercibidas incluso para la mayoría de las investigaciones, generalmente centradas en la arquitectura "oficial" más destacada o llamativa (iglesias, palacios...) o bien se trataran aquellas construcciones populares desde una perspectiva folklórica. Desde esta visión costumbrista bien intencionada se lanzó aquel eslogan de "pueblos blancos". Apelativo que tal vez, por lo menos en los pueblos más antiguos, habrá que matizar en el futuro.

Detalle de un muro original bien conservado (s.XVI) en la calle SantiagoLas consecuencias de aquella visión insuficiente, que no tiene en cuenta la evolución histórica del edificio, fueron dramáticas para muchos de nuestros monumentos ocultos, cuya verdadera identidad descubríamos sólo cuando los motivos ornamentales yacían destrozados entre los escombros. Ello nos movió a enfrentarnos al problema desde una perspectiva arqueológica novedosa en arquitectura, cuyos trabajos nos permitió, después de años de observaciones y estudios, el descubrimiento y catalogación sólo en Llerena, de casi un centenar de fachadas "mudéjares" ocultas. Posteriormente, la fe en nuestro proyecto de su alcalde, Valentín Cortés, y la intervención posterior de los restauradores, con fondos del INEM, ha hecho posible la recuperación de nueve de aquellas fachadas, en esta primera fase. Un botón de muestra que ha entusiasmado a la población llerenense y despertado el interés de otros pueblos de la región por su gran importancia cultural y atractivo turístico. Baste decir que la puesta en valor de este patrimonio histórico solamente en Llerena, cuadriplicaría su oferta monumental actual, que pasaría de unos treinta monumentos actualmente conocidos, a más de cien al sumarle estos edificios de interés histórico-cultural, al margen de su valiosa arquitectura tradicional y sus murallas.

La importancia, arraigo y grado de conservación del mudéjar en el caso de Llerena, tiene mucho que ver con sus peculiaridades históricas y por la ausencia de construcciones industriales agresivas intramuros. Llerena fue una de las cabeceras de la poderosa Orden de Santiago en su antigua provincia o priorato de León y, por tanto, residencia habitual de sus maestres, que la dotaron de amplia jurisdicción sobre numerosos pueblos, lo que estimuló el asentamiento de nobles, caballeros y un nutrido cuerpo de funcionarios y artesanos que tuvo su auge en el XVI con el establecimiento del tribunal de la Inquisición.

Detalle de un esgrafiado de la calle Alcantarilla (desaparecido).Aquellos sectores sociales, según sus posibilidades económicas o estatus, lo que dio lugar a una variada tipología, mandaron construir sus casas siguiendo la tradición de los alarifes mudéjares, quienes dominaban el uso funcional y estético del ladrillo con primor, mezclando elementos de raigambre islámica y cristiana e ideas de distintos momentos y procedencias: zonas de Castilla-León, Toledo, Sevilla, etc. El mismo trazado urbanístico de Llerena, responde al de la típica ciudad de origen medieval. Las casas más antiguas, especialmente en su zona nororiental, se organizan formando bloques irregulares separados por plazuelas, o calles y callejas, quebradas o tortuosas confluyentes a la plaza mayor. Los nombres de estas calles o barrios: "Zapatería", "Bodegones", "Armas", "Morería y Herreros", "Almona", "Alcaicería", etc. denotan su pasado medieval e islámico con sus minorías étnicas de judíos, moriscos, mudéjares....

Estos últimos, posiblemente más integrados en la población cristiana por sus habilidades constructivas y artesanales, dieron nombre, fama y extensión a sus obras.

Esta columna delata fácilmente la existencia de una ventana mudéjar de doble arcoEn estas obras, realizadas directamente por la mano de los propios mudéjares, o bien por sus seguidores o imitadores, lo primero que llama la atención, desde nuestra perspectiva, es precisamente la ausencia de encalado o blanqueado en sus fachadas y muros exteriores, no así en los interiores del edificio.

Precisamente la ausencia de encalado deja al descubierto, en parte, la estructura de sus muros donde se emplea el ladrillo con profusión, el cual aparece como refuerzo o equilibrador de la mampostería o el tapial; o el adobe en las casas más sencillas generalmente de una sola planta. Así aparece en esquinas, en hiladas horizontales, separando los bloques de tapia o mampuesto o en los machones como refuerzos verticales, o bien reforzando los marcos de puertas y ventanas. Lógicamente esa misma transparencia estructural obliga a sus alarifes a una disposición geométrica perfecta del ladrillo en sus planos y líneas, lo que explica la perdurabilidad de sus construcciones pero también otra de sus principales características el uso del ladrillo como elemento ornamental.

Es precisamente la utilización del ladrillo como elemento decorativo, combinado hábilmente con su función práctica sustentante, y utilizando formas y técnicas de tradición islámicas y cristianas lo que caracteriza la obra mudéjar.

Casa después de la restauración. Número 98 de la calle Santiago.Uno de los esquemas, decorativo-funcionales, más repetidos en nuestras fachadas mudéjares es el de la portada central en resalte, con puerta más ancha que los modelos actuales, con jambas y dintel de ladrillo, o en piedra en algunos casos. Destaca la anchura vertical del dintel adovelado, más aparente que real. El dintel puede estar coronado por una especie de recuadro en algunos casos, pero es más corriente un cornisamento o hiladas sobresalientes. En la parte superior de la portada, cuando se trata de casa de dos plantas, destaca quizá el elemento más genuino y emblemático del arte mudéjar: la ventana geminada, o de doble arco sobre columna apoyada en el antepecho, con una variada tipología a imitación posiblemente de la portada del alcázar-palacio de Pedro I, en Sevilla (s.XIV) que, por su belleza y proximidad , debió deslumbrar a nuestros caballeros de antaño. Desgraciadamente es también uno de los elementos más vulnerables y son pocas las que nos han llegado intactas. Parece ser que era , en su época, una opción arquitectónica cara, por lo que algunas de estas ventanas se construyeron con dintel adovelado, especialmente en las obras tardías. Con frecuencia es el único vano que observamos en la parte superior de la fachada.

El mampuesto o el tapial suelen ir siempre protegidos con un enlucido liso de cal o bien decorado, en las casas más lujosas, a base de esgrafiados de motivos geométricos repetitivos, (lacerías, arabescos) a dos colores, que nos recuerdan los esgrafiados segovianos o de otras regiones más allá del Tajo evocando, tal vez, los orígenes de los repobladores de estas tierras tras la Reconquista.

Casa antes de la restauración. Calle SantiagoEn la parte superior de la fachada está la cornisa, sobre la que descansa el alero del tejado. Es este otro de los elementos donde el alarife juega con las posibilidades decorativas del ladrillo. Una de las fórmulas más características bellas y perdurables es la cornisa de modillones de rollo, o lobulados, que según Gonzalo Borrás tiene su origen en la arquitectura califal cordobesa. En Llerena tenemos numerosos ejemplos bien conservados. Hay también otros tipos frecuentes como las de ladrillo en esquinilla, en nacela, escalonadas, etc.

en conjunto tenemos, pues, una fachada que presenta un carácter macizo y sobrio, por la ausencia de ventanas en la zona inferior, ya que todas las que conocemos en las plantas bajas en estas casas son obras posteriores. Esta sencillez quizás se explique por razones económicas, bioclimáticas, de seguridad y, tal vez, por influencia del carácter intimista islámico del que, de alguna manera, también participó la población cristiana de aquellas épocas. La luz que necesitaban les venía de un patio interior, del que ahora hablaremos. De todas formas aquella pesadez de la fachada se veía aliviada por el juegos de claroscuros de los resaltes del ladrillo en la parte central, el movimiento de los arcos, o de los arabescos esgrafiados, del zócalo o del mismo colorido de conjunto.

El antes y el después de la restauraciónEfectivamente una de las características más esenciales de la imagen en la arquitectura mudéjar, y que se olvida con bastante frecuencia, es el color. Como arte colorista la pintura no podía faltar en la decoración de sus paredes. El color rojo, como el barniz de nuestras baldosas que muchos hemos conocido, se empleaba tradicionalmente y con meticulosidad, ladrillo a ladrillo, sobre todo para protegerlo y realzarlo sobre el conjunto de la fachada, como material noble. Pero no es un rojo enojoso porque se mezcla con el blanco del rejuntado, o encintado de cal, entre ladrillos y además éstos se combinan geométricamente con los enlucidos de cal del conjunto de la fachada.

Enlucidos casi blancos, que parece que se vuelven cremas con el tiempo, o los esgrafiados bicolores, que como la pintura roja, llegan a nosotros muy debilitados, o contaminados, y con testigos escasos debido a su vulnerabilidad. Testigos, sin embargo, muy dispersos y suficientes para damos cuenta de su arraigo e importancia. Nos obstante en algunos casos bien conservados nos muestran un mudéjar alegre de un colorismo discreto y noble. A veces el ladrillo aparece enlucido con una finísima capa de cal, a modo de estuco, que se pinta precisamente con una decoración que imita al propio ladrillo y juntas del aparejo subyacente. Vemos este tratamiento en algunas fachadas como una opción estética superpuesta a la primera, tal vez también como solución práctica de restauración o, posiblemente, como una segunda fase estilística del mudéjat

Fachada mudéjarEl patio interior, frecuente en las casas de dos plantas, constituye otro de los elementos más atractivos y sorprendentes de la arquitectura mudéjar llerenense. Generalmente de planta cuadrada constituida por galerías superpuestas de arcos de ladrillo de diversos tipos, sobre pilares ochavados del mismo material, en dos, tres y a veces las cuatro partes del cuadrado. Ciertamente no tenemos aún constancia del uso de pintura en las paredes, o pilares de los patios, por lo que es muy posible, como dice la profesora Pilar Mogollón, que fuesen blanqueados.

Como hemos visto, los colores, las formas, los esgrafiados, demuestran toda una realidad histórico-artística y cultural radicalmente distinta a la cultura estética y homogénea de lo blanco que hoy inunda nuestros pueblos, y que pensábamos era de toda la vida. Naturalmente esta cultura, más reciente, no es menos digna que la primera, pero su predominio e inercia actual no debe hacernos olvidar la recuperación de aquellos testigos arquitectónicos, donde sea posible, y que, sin duda, enriquecerán el sentido histórico de la evolución urbanística de nuestros pueblos y la calidad de vida, además de un referente más para el diseño arquitectónico futuro o un recurso turístico-económico no desdeñable.

Ejemplo de esgrafiado en calle AlcantarillaTermino aclarando que en este breve artículo hemos preferido intentar "enseñar a mirar" deteniéndonos más en una explicación descriptiva general de las características de nuestra arquitectura popular mudéjar. Las fotografías esperamos que hablen por si misma, mientras que su ubicación en Llerena será fácil encontrarla con ayuda de los planos y guías que entrega la Oficina Local de Turismo a todos los visitantes que lo deseen.

 


Calle de Llerena




© Senderos de Extremadura, 1999.
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