senderos de extremadura

PLAZA MAYOR


MARTES MAYOR.
PLASENCIA

Del libro "Plasencia, guía, historia y leyenda"


 

[Establecimientos de Plasencia en ALEX]

  
 Las ferias, al igual que los mercados, se concedían por privilegio real. Durante los siglos XII y XIII se convierten en creación común en todo el Reino. Fran francas, es decir, libres de impuestos y gravámenes.
Las de Plasencia se remontan al propio fundador Alfonso VIII, pues el mismo Fuero y las Ordenanzas se encargan de su regulación. Algunos incluso aventuraban la idea de que nuestro mercado del martes sea una supervivencia del zoco morisco de Ambroz.
Ferias y mercados gozaban de idéntica exenciones. Hasta las mismas actividades judiciales cesaban en esos días.

 

    La diferencia entre mercados y ferias era el tiempo de su duración: el mercado un solo día. La feria un espacio más largo. Según el Fuero era obligatorio para los distintos comerciantes y artesanos: "Que a honor y provecho de la Ciudad, se manda que todos los menestrales, zapateros, herreros, vaineros, peliteros, correoneros, olleros, hueseros, peineros y ballesteros, salgan el día de mercado a la plaza con sus obras; pero los maestros de los frenos y de las armas vendan en sus casas":

Se trataba de incentivar las ventas de las mercancías. Aquellas que no se llegaban a vender, perdían las franquicias.

 


    "Cada martes se celebraba el mercado semanal en la Plaza Mayor (pero los ganados se vendían en el arrabal que iba desde la Puerta de Talavera hasta la de Trujillo), en donde cada artículo tenía su sitio en los soportales hasta que el Conde Don Alvaro obligó en sus Ordenanzas sobre la feria, a que los traperos vendieran sus paños en la calle del Rey. Más tarde los Reyes Católicos señalaron un nuevo emplazamiento para los joyeros, merceros, buhonero, cinteros, especieros y cordoneros de la ciudad y de fuera, sito en la calle de los Quesos hasta la esquina de Pedro Isidro, indemnizándoles por este traslado, porque obstruían el paso de la feria cuando colocaban sus tiendas en la Plaza y en sus soportales. Para no distraer ni perjudicar a los mercaderes no se celebraba ese día ningún tipo de acto judicial".

 

    Existía, según esto, una perfecta estructuración de los puestos de venta, que en líneas generales era el siguiente:
Plaza alta, la del Ayuntamiento, reservada a los paños y productos textiles.
Plaza baja, al lado contrario, reservada a la zapatería y derivados de la piel.
Lado derecho, calle de los Quesos: productos de joyas y similares; baratijas, cordones, adornos, cintas, etc.
Lado izquierdo: pescadería, carnicería, panadería, etc. pues estaban en las proximidades de los puestos habituales.
Centro de la Plaza:los que tenían un carácter definido o no encajaban dentro de las situaciones anteriores.

 

    Los puestos podían presentar una estructura estable o móvil dependiendo de la situación de sus talleres.
Cuando la Plaza resultaba incapaz para dar cabida a todos los tipos de comerciantes se utilizaban las calles adyacentes. De ahí ha surgido el nombre de algunas: Zapatería, Quesos, Vidrieras, etc.

 

                                         

    Las Ordenanzas por las que se regía el mercado datan de la época de los Zúñigas, luego recopiladas y reformadas con la libertad llegada de las manos de los Reyes Católicos. Algunos de los puntos referidos sobre el mercado franco resultan muy interesantes:
"Cap. I. Primeramente ordenamos y mandamos que todos y cualquier persona, de cualquier estado y condición que sea, tanto que no sean vecinos ni moradores ni estantes en la dicha Ciudad de Plasencia y su Tierra, salvo de fuera de parte, que viniera a vender y trocar y cambiar en el dicho día martes, que se hizo el dicho mercado cada semana, venga libremente sin pagar alcabala ni otro derecho alguno por razón de alcabala, excepto el peso, porque es propio del Consejo".

"Cap. II. Otrosí, que culesquier mercaderías que se vinieran a vender al dicho mercado, si no se vendieren en él, que no puedan quedar en la dicha Ciudad ni en sus arrabales para otro mercado, y, si quedaren, sin las vender entre semana, por las guardar para vender en otro mercado, que estas tales mercancías no gocen de la franqueza y libertad del dicho mercado, salvo si tales mercadurías quedaren en la dicha Ciudad y en sus arrabales con licencia y consentimiento del arrendador de la renta a quien las tales mercadurías pertenecieren; y estas tales habiendo licencia del dicho arrendador, puedan estar y quedar de un mercado para otro y se vender y gozar de la libertad y franqueza".

"Cap. III. Otrosí que las mercadurías y ganados que se vinieran a vender al dicho mercado, que se vendan en estos lugares: los ganados en el Arrabal de esta Ciudad, desde la Puerta de Talavera hasta la Puerta de Trujillo; y las otras mercadurías, de cualquier calidad que sean, en la Plaza de esta dicha Ciudad o dentro, en los lugares que la Ciudad ordenare".

   Se puede también hablar de un mercado diario hasta la inauguración de la Plaza de Abastos en 1.897.

     




© Senderos de Extremadura, 1999.
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