senderos de extremadura
Coria , un paisaje milenario Coria,
Paisaje Milenario

Fotografías: Karpint


[Establecimientos de Coria en ALEX]

   Cuentan las crónicas que fue capital de los Vettones, un pueblo celta que se asentó en torno a las estribaciones más occidentales del sistema central. Este pueblo, de marcado carácter ganadero, llamó caura a su ciudad, y desde entonces sus raíces toponímicas no han cambiado, por lo que Coria, lleva en su nombre la herencia de su pasado celta.


CALLE DE LAS MONJAS
   Esta ciudad bimilenaria no necesita hablar de su pasado, porque lo tiene escrito en los rincones sus calles, en las cicatrices labradas en piedra de sus murallas romanas, en la penumbra fresca de sus castillo, en las tradiciones de su puente sin río, del velazqueño "Bobo de Coria", o del mítico "toro de San Juan". Se respira el pasado en sus paisajes, en los contrastes de una tierra de transición entre las dehesas y la sierra, de una tierra de paso hacia la norteña meseta salmantina. Conviven el pasado y el presente en las orillas del río Alagón, que conserva zonas agrestes, paraíso de especies animales y vegetales autóctonas, junto a zonas de ocio y de labranza, en los imnumerables verdes de su fértil vega, que hizo de Coria un enclave codiciado desde muy antiguo por los celtas, los romanos, los árabes.

 

   Pocas ciudades en Extremadura pueden presumir de milenarias, con el orgullo de tener tan bien conservado su pasado patrimonial y tan viva su riqueza histórica y ecológica. La ciudad de Coria y su tierra, constituyen hoy, y han constituido durante siglos, el núcleo principal del noroeste de Extremadura.

   Los vettones dejaron, además, parte de su carácter noble y aguerrido, y de su cultura, como parece apuntar el origen de sus fiestas más populares, los Sanjuanes, de las que hablaremos más adelante, y que, por una tradición que conecta con civilizaciones antiguas, manifiestan un tratamiento casi mitológico de respeto y reconocimiento de todos corianos hacia el toro.

 

EL PUENTE SIN RIO   Pero si hay algo a lo que esta ciudad debe su existencia desde épocas tan remotas, es el río Alagón, ese afluente del Tajo que discurre ahora sereno y amplio, bordeando las faldas de la meseta que guarda la antigua ciudadela. El Alagón, con su ancestral inquietud, formó un ancho valle que el tiempo y el hombre convirtieron en uno de los más próspero del oeste peninsular. Sus aguas dan forma a un paisaje lleno de recovecos y meandros que irrumpen entre amplias llanuras donde crecen los alisos, formando amplios bosques de galería, que parecen invadir el río, los frondosos frenos y los álamos que dan al entorno una personalidad propia y constituyen uno de los ecosistemas de ribera más destacados de los paisajes extremeños. El río pierde su anchura al encajonarse en las rocosas estribaciones de las sierras de la Garrapata y de la Solana, en el paraje conocido como los Canchos de Ramiro, donde anidan especies tan señeras como la cigüeña negra, el buitre leonado, el águila real o el halcón peregrino. En este incomparable paraíso natural, el visitante puede obtener una completísima información gracias al nuevo Centro de Interpretación de los Canchos de Ramiro, dónde aficionados y especialistas podrán disfrutar de este espectáculo de la naturaleza.


  PLAZA DE LA CATEDRAL  

 Toda esta riqueza natural que llevó a los vettones a asentarse ene esta zona con sus ganados, atrajo también, sin duda, a los romanos hacia estas tierras. La conquista de esta zona de la península fue tan lenta como la del resto de Hispania. Ya a principios del siglo II a.C., los vettones participaron en una coalición contra los invasores romanos, aunque es hacia la mitad de esta centuria cuando aparece la figura de Viriato unida a estas tierras como el líder lusitano que, aliado con los vettones, planta cara al ejército romano. El traicionero desenlace de esta historia, bien conocido, hace que todo el territorio pase a poder romano. Si preguntasen a los más viejos del lugar, les dirían al oído que aquí está enterrada la espada de Viriato.
       

   La realidad histórica habla de la influencia que los romanos tuvieron sobre "la ciudad de los Caurienses", como la llamaría Plinio, la Caurium romana de Ptolomeo. La articulación de todo el territorio del norte cacereño llevó a la creación de la Vía de la Dalmacia, que uniría Coria con Emerita Augusta y con Mirobriga, a través del puente de Alconétar y del Puerto de Perales. Esta vía contaría posiblemente con un puente para salvar el río Alagón que desgraciadamente no ha llegado hasta nuestros días. Pero la principal obra civil que nos legaron nuestros antepasados romanos fue la imponente muralla que defendió y defiende la ciudad.

   MUSEO DE LA CARCEL REAL 

Los grandes sillares graníticos colocados a soga y tizón nos da buena fe de su pasado romano, aunque los avatares del tiempo y las constantes luchas hayan hecho mella, como cicatrices, en parte de sus lienzos. Las puertas del Sol y de la Ciudad aun conservan su fisonomía romana y constituyen dos claros ejemplos de arquitectura militar. Están ambas puertas flanqueadas por dos potentes torres cuadrangulares que confieren a estos espacios un fuerte carácter defensivo. El resto de la muralla se encuentra jalonado de numerosas torres conocidas popularmente como cubos, y su especial conservación la hace estar catalogada como una de las mejores, si no la mejor, de España. Un pasado por la calle del Horno o por la Barrera del cubo, evoca la fortaleza y la esbeltez de esta singular construcción.

    Los restos romanos encontrados tanto en los alrededores de la ciudad como en el recinto intramuros, nos dan clara muestra de la importancia que Caurium tuvo que tener en esta época. Fruto de este dominio sobre el territorio del norte cacereño fue su nombramiento como sede episcopal desde épocas muy tempranas del cristianismo. Este hecho será fundamental para poder conocer la historia de la ciudad y a la vez para poder entender la cantidad de patrimonio arquitectónico que guarda en su interior.

   

CATEDRAL DE LA ASUNCION

C
oria es además de milenaria, monumental. Todo su casco histórico ha sido declarado Bien de Interés Cultural. Su edificio más emblemático, y de obligada visita, es la Catedral de la Asunción, uno de los monumentos más representativos de Extremadura, cuya silueta, que destaca sobre el resto de la ciudad, saluda a los caminantes desde lejos. Un bello edificio que sustituyó a la vieja catedral medieval. Es en 1498 cuando el obispo Pedro Ximénez de Préxamo decide iniciar la construcción de la actual catedral, y durante los siglos XVI y XVII se alza su estructura, sus elevados y potentes muros, su única nave, amplísima y serena, las nervaduras estrelladas de sus bóvedas, y la expresividad de sus portadas, una de ellas, la más antigua, la del Evangelio, situada al norte, con sus pinceladas del gótico final y sus detalles del plateresco, obra de Martín de Solórzano. Junto a ella se encuentra el Balcón de las Reliquias, lugar desde el que antiguamente se exhibía el Mantel de la Sagrada Cena, reliquia que guarda el Museo Catedralicio.

 

 

MUSEO DE LA CATEDRAL
P
ero la Puerta del Perdón, de clara factura renacentista, es sin duda, la más monumental. La diseñó Pedro de Ybarra a modo de fachada-retablo, y en ella representó la Anunciación y el Nacimiento, la Adoración de los pastores y la Epifanía, rematada con los bustos de San Pedro y San Pablo, y de personajes de la antigüedad, como Cleopatra y Marco Antonio, o personajes bíblicos, todo ello dentro de un complejo sistema simbólico

En 1748, se culmina la obra de la Catedral con el remate de la torre diseñado por Manuel de Larra y Churriguera, notable arquitecto que cuenta entre sus obras la Plaza de Salamanca. Es en esta época cuando se alzan los majestuosos pináculos y balaustradas que parecen ser los guardianes de la gran nave catedralicia. El desgraciado terremoto de Lisboa, ocurrido el 1 de noviembre de 1755, provocó la caída de la torre y de algunos de estos pináculos.

 

 RUA DE LOS PAÑOS 
Afortunadamente, el tesón del Cabildo Catedralicio hizo que en poco tiempo se volviera a levantar el cuerpo de campanas y la media naranja, siguiendo los trazos de Churriguera.

El interior de la Catedral nos depara un fabuloso Retablo Mayor, un espléndido coro, con su sillería gótica tallada en nogal, los sepulcros gótico y clasicista de los obispos Ximénez de Préxamo y García de Galarza, la Capilla de los Maldonado, los majestuosos órganos, y el recientemente inaugurado Museo de la Catedral de Coria, que situado en su claustro, recoge una importantísima muestra de arte religioso, destacando su colección de pintura, orfebrería y una bellísima talla de la Virgen del escultor Lucas Mitata. Entre las reliquias que conserva, se encuentra el Mantel de la Sagrada Cena.

Junto a la Catedral, se encuentra otro edificio de gran relevancia para la ciudad, como son el Palacio Episcopal y el Palacio de los Duques de Alba, señores de la ciudad desde 1472. En los jardines de este palacio se encuentra un bonito y coqueto mirador renacentista, cuya silueta se aprecia desde la subida del río, a través de la calzada que cruza por el actual puente, construido en 1518, sobre las ruinas de otro anterior, posiblemente romano. Este puente tiene la desgracia de que las frescas aguas del Alagón ya no corran bajo sus arcos, porque las diferentes crecidas del río, desviaron su cauce, de tal modo que ya a finales del siglo XVII, las aguas dejaban de transcurrir por el antiguo lecho del río. Es este motivo de bromas, pues durante mucho tiempo Coria tuvo un puente sin río y un río sin puente.

PALACIO DE LOS DUQUES DE ALBAPero el palacio señorial no fue el único vestigio que los Duques de Alba dejaron en la ciudad. Una imponente torre del homenaje, con su castillejo, parece coronar la muralla de la ciudad. Construido a finales del s. XV, el Castillo, como popularmente se le conoce, está todo realizado en sillares de granito y su planta es pentagonal, con forma de quilla, obra del cantero Juan Carrera, que aprovechó gran parte de la torre antes existente. Su monumentalidad destaca sobre las plazas adyacentes, la de la Cava y la del Rollo y conforman un espacio muy concurrido por todos los corianos.



MURALLAS ROMANAS. PUERTAS DE LA CIUDAD

En la misma época debió alzarse el claustro renacentista del Convento de la Madre de Dios, cuyo suelo decorado con diversos motivos geométricos, animales y vegetales, todos ellos realizados con multitud de pequeños rollos de río, bien merece una visita. Además, el viajero encontrará allí deliciosos dulces artesanos elaborados por las sabias y pacientes manos de las religiosas de la T.O.R. de San Francisco.

Recientemente, y gracias a las labores de investigación facilitadas por el Ayuntamiento y diversos programas de la Unión Europea, se han podido recuperar edificios semiabandonados, y dotarlos de un contenido cultural. Este es el caso de la Cárcel Real, antigua prisión de Coria, construida en 1686, cuya estructura carcelaria aún conserva en su integridad, y que actualmente acoge el Museo de la Cárcel Real. En él se puede aprender algo más sobre la historia de la ciudad, ya que en sus salas guarda una importante colección arqueológica, entre cuyas piezas destacan las colecciones de epigrafía romana, una escultura en mármol romana, y el manuscito del Fuero de Coria. En sus rehabilitadas salas de la planta alta, se programan exposiciones temporales de toda índole. Fruto de esta labor de investigación, es el estudio realizado sobre la comunidad judía en Coria. Está debió de ser importante si tenmos en cuenta la cantidad de fuentes escritas que guardan los archivos catedralicios y provincial. Algunas de las calles de nuestra ciudad denotan claramente su pasado hebreo, como es el caso de la calle Sinagoga. Coria forma parte de la Red de Juderías, junto a otras ciudades cacereñas y portuguesas, y muy pronto contará con un centro de interpretación de la judería.


EL CASTILLO DE CORIAPero Coria no vive sólo de su pasado. Nuestros parques, avenidad, y el paseo fluvial, constituyen hoy por hoy una importante oferta para el ocio y esparcimiento. El parque de Cadenetas cuenta con una gran cantidad de espacio para el disfrute de los más pequeños, para el sosegado paseo y para la charla amena, un lugar de privilegiada tranquilidad. El paseo de la Isla es el lugar preferido por todos los vecinos de Coria para disfrutar en verano de los chiringuitos y del frescor del río. En él se encuentra situada la Zona Municipal de Acampada y las instalaciones deportivas. El jardín botánico es también otro de los centros de interés. En él se pueden apreciar gran cantidad de especies autóctonas perfectamente clasificadas y ordenadas, donde el visitante aprenderá a conocer mejor la flora extremeña.


Podríamos continuar mostrando los rincones típicos de la ciudad durante páginas y páginas, a ninguno de nosotros nos gustaría olvidar que en los alrededores de la ciudad hay lugares tan emblemático como la ermita ATARDECER EN EL RÍO ALAGÓNde la Virgen de Argeme, lugar de romería. Pero no quisiera tampoco dejar de mencionar una de las fiestas más importantes y conocida de Extremadura, declarada de interés turístico, los Sanjuanes, en las que la valentía de los mozos y mozas frente al toro, que recorre libremente las calles de la ciudad antigua, se mezcla con el ambiente mítico de los ancestrales ritos de sacrificios. La tradicción confiere al toro una simbología mágica y genética que procede de las antiguas culturas celtas, de economía ganadera, y conecta con las civilizaciones mediterráneas en su divinización del toro. Todo ello sigue presente en los Sanjuanes, donde el respeto, el valor y la festividad confluyen, en las fechas también mágicas del solsticio de verano, para materializarse en una manifestación del espíritu colectivo de una ciudad y una tierra que no puede ocultar, en ninguna de sus tradiciones, un pasado milenario.





FIESTAS DE SAN JUAN
Ese poso de mezcla de civilizaciones, ese mestizaje cultural, es el que encontrará el viajero cuando visite Coria. Lo encontrará en la hospitalidad de los cauriense, en los nombres de las calles, en los frescos rincones de las plazas, en los paisajes que rodean la ciudad, e incluso en las puertas de sus murallas romanas, que permanecen siempre abiertas, como una invitación al visitante para que regrese a la ciudad.

 

 

 




© Senderos de Extremadura, 1999.
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