Panorámica del Valle desde Tornavacas en otoño La Ruta de Carlos V

de Tornavacas a Jarandilla
Texto: Antonio Aparicio y Pedro Rodríguez
Fotografías: A. Aparicio

[Establecimientos de Jarandilla en ALEX]
El Emperador Carlos V

    Hijo de la reina Juana I de Castilla y Felipe I "el hermoso", Carlos V de Habsburgo nace en Gante (Bélgica) el 24 de Febrero de 1.500. Rey de Castilla y Aragón, resulta elegido y coronado Emperador del Sacro Imperio el 23 de Octubre de 1.520 en Aquisgrán.

     Este príncipe, considerado prototipo de gobernante renacentista y uno de los monarcas más poderosos de su tiempo, tras abdicar los reinos de España en su hijo Felipe II y el Imperio en su hermano Fernando, decide retirarse a su última morada en Yuste, donde llega en febrero de 1.557 hasta sy fallecimiento en la madrugada del 21 de septiembre dse 1.558.

    Su retiro en tierras extremeñas dejó huella y dio origen a leyendas e historias, que el viajero podrá redescubrir siguiendo los pasos del Emperador por la conocida y afamada ruta que siguió el monarca desde la Villa de Tornavacas hasta Jarandilla, atravesando, por históricas veredas, el impresionante paisaje de la Reserva Natural de la Garganta del Infierno, ecosistema representativo de la montaña extremeña.

VILLA DE TORNAVACAS

    Consta en documento el haber sido este pueblo hecho villa por los Reyes Católicos D. Fernando y Dª Isabel, perteneciente a la casa de Oropesa. Su larga calle principal que discurre con el eje del río Jerte, antiguo cordel del ganado trashumante de Castilla a Extremadura, está dividida en tres tramos: calle Real de Arriba, calle Real de Enmedio, y calle Real de Abajo. En la Calle de Enmedio está la iglesia parroquial de Nra. Sra. de la Asunción, de finales del s.XVII hermoseada de diez altares de preciosa bóveda, de una sola nave. En esta misma iglesia hay una suntuosa capilla en la que se venera la célebre imagen del Cristo del Perdón, que, si no miente la tradición de este pueblo, fue aparecida milagrosamente en una de las dos sacristías de la parroquia. A poca distancia se hallaban antiguamente dos hospitales, uno que se dice de la Pasión, y otro, unido a éste, que era para refugio de pobres viandantes. Estos dos edificios, cedidos por el Ayuntamiento, se están rehabilitando por la Dirección General de Medio Ambiente como Centro de Interpretación de la Trashumancia ligado a la Reserva Natural de la Garganta del Infierno. A poca distancia de la plaza mayor, está la conocida plaza de las Cárceles, donde está la Casa Consistorial. Siguiendo el recorrido de esta calle principal el viajero descubrirá el sabor de su casco histórico, de numerosas casas solariegas y quehacer afanoso de su gente. Siguiendo Calle Abajo pasamos delante de la Casa Rural "Antigua Posada" que tiene enfrente la casa de un criado de su majestad, como reza en la inscripción del dintel de la puerta, donde pernoctó el Emperador Carlos V en su camino a Yuste.

    Sobre su fundación y privilegios; cuéntase por tradición, que el llamarse Tornavacas fue en tiempo del famoso conde de Castilla Fernán González, dando éste una batalla a los moros en la Vega del Escobar; se dice que los cristianos de Tornavacas acordaron juntar todo su ganado vacuno, y colocar en las astas velas encendidas, conducirlo en noche oportuna el puerto arriba para que siendo visto de la morisma, esta se sorprendiera y espantado huyese. Se tuvo el objeto deseado y con mandar tornar las vacas, se vino a quedar el pueblo con el nombre de Tornavacas; como recoge el escudo de armas de la villa, una vaca con dos velas atadas a las astas.

FIESTAS

- 2 de Mayo: Día del Fuego (hogueras)

- 3 de Mayo: Romería de la Bendita Cruz

- Junio (variable): Día del Corpus Christi (procesiones, cofradía, capas,..)

-15 de Agosto: NªSra. De la Asunción (cánticos, bailes)

-13-16 Septiembre: Cristo del Perdón (ofrenda del ramo, rondas,)

-21-22 Septiembre: Feria de San Mateo (ofertorio, ánimas)

TORNAVACAS Y EL EMPERADOR

Casa en la que pernoctó Carlos V    Desde que desembarcó en Laredo (Santander) hasta que llegó a Jarandilla transcurrieron al parecer 21 etapas, en las que fue aclamado como emperador en los pueblos de Castilla, siendo el último tramo de la ruta, ya en tierras extremeñas, el de Tornavacas a Jarandilla.

    Según cuentan las crónicas al llegar a Tornavacas la comitiva real se encontró en el río con unos pescadores, que de inmediato ofrecen al Emperador las truchas del Jerte recien capturadas. A la entrada del pueblo le ofrecen alojamiento, lo agradece pero duerme en la casa de un fiel servidor que tiene en el pueblo, Juan Mendez-Dávila, criado de su Majestad. El emperador fue obsequiado por todo el pueblo y dió audiencias a todo el que fue a hablar con él.

    El Emperador desdeña la ruta trazada y organizada por Plasencia, de seis jornadas y prefiere hacer una sola a través de la sierra de los Tormantos. Los recios mozos tornavaqueños le llevaron a hombros en una silla, al llegar al Puerto Nuevo quiso recompensarlos, pero orgullosos de servir al Emperador sólo aceptaron un pellejo de vino. Fue allí donde dijo "Ya no pasaré otro puerto en mi vida sino el de la muerte".

Tornavacas en inviernoUn paseo, desde el recuerdo, por la Reserva Natural de la "Garganta de los Infiernos" camino del Puerto Nuevo hacia Jarandilla.

Distancia: 28 Km; Tiempo: 8 horas

La salida de Tornavacas

  Suiguiendo la Calle Real atravesamos el pueblo de nobles edificaciones, de luminosas solanas y callejones techados con oscuras maderas olorosas a heno. En la hondoná del pueblo, frente a un antiguo Pilón, una señal nos indica el camino que tomó el monarca, siguiendo el curso del río Jerte en busca del mar eterno. El Jerte, fecundo surco de alegría que los ángeles labran desde las cumbres, empieza aquí a barruntar la fuerza de su juventud, pronto crecerá con las aguas de la Nijarra y de la Campana, aguas de las más altas cimas extremeñas, del Calvitero (2.400 m) que la garganta de Becedas rinde, aguas de San Martín, del Castilfrío, donde las cabras monteses se apasionan en la flor del vértigo, aguas puras, recien destiladas de nieve, donde la trucha se estremece y relampaguea.

  Ya en la otra ribera, siguiendo el sendero señalizado, continuaremos entre prados y huertas que se deshacen en continuos obsequios, bordeados de gruesas paredes; a menudo los cantos pulidos del río se afirman bajo nuestros pies, hiedras, madreselvas y rabiacanes (lúpulos) tejen finos brocados a las huertas; picazas y arrendajos sacuden el aire límpido y avisan a todos de nuestro paso, y saltando de piedra en piedra vemos volar al mirlo.

    El camino nos conduce por ubérrimos labrantíos cuajados de cerezos, perales, melocotoneros, higueras de frutos negros, blancos, mieleros, pichoteros, verdejos, santos... Al borde de los caminos y entre los sotos crece la agrinomia, la digital, la lampaza, el hinojo, el hipérico, la vincapervinca, la malva común, caléndulas y violetas, entre tantas y tantas otras. La panorámica que se divisa ahora, encima de la garganta Becedas es extraordinaria: La Hoya de la Nijarra refluyendo hacia la garganta de los Papúos, Majada Reina, Collado de la Cerrada, Garganta de Majacerezo, Llanomínguez, el Tejadillo, el Torreón, el Canchal del Turmal hacia el norte se entremezclan por medio de afiladas cresterías y profundos vanos de origen glaciar.

El Bosque del Reboldo

    Entrando en el términode Jerte nos da su bienvenida el monte del Reboldo.Monte bravío de castaños de explotación maderera qur ocupa la ladera de la umbría del Jerte, tocando por erriba la Cuadra de los Lobos y llegando hasta el campamento del Emperador Carlos V y la zona baja de la Garganta del Infierno. Monte del Reboldo Unas 600 has. de bosque denso, rebajando en algunas zonas por las periódicas cortas. En los bordes se da el bosque de robles. Desde la carretera nacional y demás rincones del valle, descuella por su frondosidad, un verde profundo que rejuvenece y da vigor al mismo cielo. En otoño el cromatismo y la sublimación de la luz, junto al encuentro con las amanitas cesáreas y los boletus, nos evocan el sueño y el encantamiento en el interior del bosque. Entre las plantas más signifiicativas se hallan el brusco, la melisa, el brezo, la hierba carmín y arbustos de acebo. En la espesura rapaces como el azor o el gavilán capturan de manera acrobática tórtolas y arrendajos, el primero, y pequeños pájaros como pinzones, currucas, escribanos montesinos o petirrojos el segundo. Águilas, alcotanes, el cuco, el pito verde, el pico picapinos, el agateador común, el trepador azul, el engañapastores son otros habitantes de este bosque que dejamos atrás cuando llegamos a la Cuerda de los Lobos, entre 800 y 900 mts.

La Garganta del Infierno

Cascada de Riscoencinoso   El castaño se trueca en monte natural, bosques de robles, espinos y agavanzos, sin darnos cuenta, nos encontramos ya frente al inmenso valle de la Garganta del Infierno, en pleno corazón de la reserva natural. En sus tramos altos recibe los nombres de Garganta de los Tres Cerros y Garganta de la Serrá, siendo alimentada por las gargantas de Asperones, Collado las Aguas, Garganta Riscoencinoso e infinidad de arroyos que cuartean el lomo de las sierras. Si nos detenemos un momento a contemplar la visión del magnífico paisaje y abrimos los oídos, descubriremos un sordo rumor de fondo, una nueva sonoridad que emana de la hondonada y se posa sobre todas las cosas. Pronto lo reconocemos como el rumor del agua y el gemido de la tierra. En esa amplísima gasa de música, hilan vivaces los pájaros invisibles. El pinzón en los últimos cerezales traba gotas de luz, los frágiles herrerillos y carboneros, salpicándolo todo de melodiosas hebras, curiosean las ramas más tiernas, la oropéndola pasa como el relámpago dejando un rastro de oro desvanecido, carpinteros y picapinos desde el viejo tronco moribundo percuten sus delgados tambores y en lo secreto del zarzal el cantor solitario enciende un arpa de brasas, quizá sean demasiadas excelencias, licores demasiado fuertes que embriagan y hacen saltar los cerrojos que atenazan el espíritu.

El Puente Romano

    Por Collado Tierra descendemos dirección este hacia el Puente Romano o Puente Nuevo, a través de aromas de juaguarzo, cantueso, tomillo y brezo blanco. En la pendiente contraria, por encima de las cachaleras que rajan el vientre de la sierra, en las ásperas cimas de Tormantos sobrevuelan los buitres leonados. En este entramado de hoces y gargantas que se enlazan a capricho, descubrimos la mutabilidad del paisaje, el movimiento incesante, lo característico de la sierra frente al llano. Más arriba o más abajo, o sobre las cumbres quizá, se oyen las esquilas de piaras de cabras, el silbo de los pastores, vien conocido de los vientos. A nuestra derecha queda Lomo Montequero y la Cuerda de los Tres Cerros, sobre lo alto de la Sierra de Tormantos, abajo la confluencia de Garganta del Collado con la del Infierno, destacando los fresnos y alisos por su verde intenso. Cerca ya de la garganta el paisaje se hace cada vez más hermoso descubriendo una antigua joya, sola, firme, desafiando al tiempo: el Puente Nuevo. El entorno natural que enmarca este elemento arquitectónico es enormemente sugerente. El camino empedrado pasa el puente y, ya en la otra orilla, se eleva hacia la derecha en dirección sur, a la busca del Puerto de las Yeguas, por donde se establecía contacto con los pueblos de La Vera.

Los Pilones Procesión Cristo del Amparo Puente Nuevo o Romano

 

Las Majadas

Reserva Natural Garganta del Infierno    Después de dejar atrás el puente, el camino asciende por el anchuroso lomo de la Encinilla. Tupidos liños de matorrales y carrascas bordean el camino, hacia el oeste de la cuenca de la garganta se alarga indefinidamente, al fondo, en la otra parte del Valle, las cumbres de los montes de Tras La Sierra se pierden en la bruma azul. Con la presencia del cólquico el sendero vuelve a estrecharse y el firme de piedra comienza a desaparecer antes de alcanzar la Fuente de Roblehermoso. Hay un pilar granítico que sirve de abrevadero al ganado con agua verde y pura. es el momento de tomar un bocado y reponer los líquidos deshidratados. Más adelante, el camino llanea y se sumerge entre espesos robles, al lado de antiguos asentamientos de pastores, bordeando el repecho de oeste a este, desde la Garganta del Infierno hasta enlazar con la Garganta del Collado nlas Yeguas, también conocida como Garganta Chica.

    Ya lo dijo el poeta: "Los ríos son hermosos árboles cansados entre cuyas ramas florecen los pueblos", y ahora desde lo alto, no puede ser menos cierto, al tronco recio y verdoso de la garganta se acomodan innúmeros arroyos que bajan hendiendo portillas y caacarejas y en los tenues regajos que suavizan la pendiente, relucen las majadas como sobrias joyas aprisionadas entre sus dedos. A poco llegamos a una majada situada al borde del camino: Los Zarzalones. Se orienta al suroeste, recogiendo todo el curso del sol, resguardada de los vientos fríos. Hay dos casas de piedra, pequeñas, rectangulares y algún chozo guarnecido con carabones y bardas de roble, que los cabreros utilizan para guardar el queso.

Garganta de Asperones Majada de cabras Reseva Natural de Garganta del Infierno

Garganta Collado Las Yeguas

Fiesta del Corpus en Tornavacas   Sin dejar de llanear, la garganta Collado las Yeguas, que asciende con ímpetu, nos gana lentamente. Por encima nuestro los riscos amenazan con abalanzarse, las encinas nuevamente practican su morada en el abismo y se retuerce la raiz del brezo; la roca hirviente, enfebrecida, se rompe en paredones verticales, resbaladeros, casqueros, se enquista y resurge, se tensa y estalla en inhóspitas estaancias. A nuestros pies la pendiente se apacigua un tanto hasta el lecho de la garganta, verdecido de fresnos y mansiegas y los resplandores del sol en las aguas flacas. Así, entre estas breñas acechantes y temerosas arribamos al Puente del Carrascal, escondido, agrietado, donde todo abruma y parece oprimirnos, pero a poco nos acostumbramos y un respiro a la sombra de sus canchos o un chapuzón en las cristalineas aguas, complace inusitadamente. Siguiendo la vereda que se eleva bordeando la garganta por un acentuado desnivel de bloques pétreos que ciegan el curso de las aguas llegamos, pasando pòr antiguas majadas, a un paraje de increíble belleza conocido como "Los Escarralones" donde es posible ver los últimos ejemplares del Tejo, árbol legendario que tanto cantaron los bardos ingleses, poseedor de una simbología tenebrosa entre la muerte y la eternidad. También encontramos solitarios Acebos, cuyas bayas frutecen en invierno dando alegres tonalidades a la luz fría de los hielos; árbol sagrado en Tornavacas que en honor del Santísimo Cristo del Perdón, el 14 de septiembre, se ofrenda cargado de dulces y frutas por quienes han hecho una promesa, en una ceremonia cargada de pasión y arrobo, que une de manera muy especial a todos los tornavaqueños. También los fresnos, tan abundantes en todos los cauces, tienen carácter sagrado en aquella villa, pues se cortan el día del Señor (fiesta del Corpus Christi), y se hincan en la puerta de cada casa, formando dos largas hileras de árboles por toda la larga Calle Real, unidos por sogas de las que cuelgan sábanas blancas de luz deslumbrante; el suelo se cubre de cantueso y mirra florida y a cada tramo se cierne un arco, enlazando ambas aceras, confeccionado con ramas floridas de sérbal y guirnaldas de lirios, caléndulas, rosas y retama negra. En esta fiesta de acción de gracias por la fertilidad de la tierra, el pueblo cobra un aspecto angélico en el recuerdo, como una avenida de luz y esplendor, difícil de revivir.

El Puerto de las Yeguas

Chorrero de la Virgen    Entre los cantiles, al lado de la garganta y arroyos, encontramos otros árboles como abedul, almez, enebro, hojaranzo, mezclados con alisos, fresnos y madroños. En las rocas anida el roquero solitario y también podemos ver el avión roquero, aviones comunes, la golondrina dáurica y el colirrojo tizón. El gran búho real, el águila perdicera y el águila real cazan en estos collados cubiertos de brezo y piorno, donde pastan las vacas negras. Entre los piornos capturan insectos pajarillos de las alturas: acentor común, pechiazul, acentor alpino... Esta es también la zona de la Garduña que comparte hábitat con la cabra montés de Gredos, especie endémica de estas sierras, en las que encontramos también la víbora hocicuda, la lagartija serrana y en lo más alto: el roquero rojo.

    Lentamente ascendemos hasta el Puerto de las Yeguas (1.500 m.) para finalmente dar vista a La Vera y las llanuras del Campo Arañuelo. Aquí nos vienen a la memoria aquellas palabras del Emperador: "no volveré a franquear otro puerto más que el de la muerte". Después de dejar atrás el horizonte del Valle del Jerte y la dehesa del Hornillo, nos aguarda La Vera en el descenso. Enseguida divisamos las poblaciones de Aldeanueva de la Vera y Guijo de Santa Bárbara. El final de la ruta es Jarandilla de la Vera, conocida tanto por su fiesta de "Los Escobazos", del 7 de diciembre, en vísperas de la Inmaculada, como por su histórico y acogedor castillo de los Condes de Oropesa, actual Parador de Turismo, donde el Emperador viviría 4 meses a la espera de que terminaran las obras de la casa adosada al Monasterio de Yuste, muy cerca de Jarandilla.

    Jarandilla es centro turístico y cultural de la Vera. Con valiosos recursos naturales como las gargantas de Jaranda y Jarandilleja, cruzadas por puentes, romanos y medievales. Entre su patrimonio arquitectónico destacan: iglesia de San Agustín, iglesia fortaleza de Nuestra Sra. de la Torre, ermita de Nuestra Sra. del Sopetrán, ermita del santo Cristo del Humilladero, Castillo de los Condes de Oropesa, la Picota y el Puente Romano.

Parador de Turismo en Jarandilla Entrada al palacio. Monasterio. Cuacos de Yuste.
 


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