senderos de extremadura
Monasterio de Yuste

El Emperador en el Cenobio de Yuste

En el V Centenario del nacimiento del Emperador Carlos V

Texto: Fray Francisco de Andrés

[Establecimientos de Yuste en ALEX]

detalle del claustro    Celebrar el Centenario de un Emperador, el de Carlos V en Yuste, en Extremadura, al abrigo de un monasterio jerónimo, en un lugar paradisíaco, en el lugar más recóndito allá por las estribaciones de Gredos, al abrigo de la Sierra de Tormantos, entre canchales y desfiladeros, entre cascadas de agua precipitándose entre riscos y matojos, entre robledales, jaras y tomillo olorosos, entre mirtos, cantueso, espliego y orégano, el bello y delicado breo, el ruso y, como no, el majuelo.

    Un sinfín de plantas y flores entre recónditos pedregales cubiertos de helechos entre manantiales de aguas frescas donde historiadores y poetas han escrito las más bellas páginas. Cerezos, nogales y castaños, el viejo olivo reposando en pequeños bancales en el flanco de una ladera. Paraje silencioso el de Yuste, místico, romántico, donde el tiempo se detiene y un puñado de monjes cantan las divinas alabanzas día y noche y que Carlos V quiso compartir al final de su vida, bien requiere ahondar en el tiempo y la historia, para que nos ayude a situarnos en aquel entonces, como dirían los clásicos, y enel ahora de los tiempos que corren.

    Aquí se dieron y se dan cita los acontecimientos más importantes desde el punto de vista de una historia siempre viva, el empeño de una Europa unida, una pureza de la fe católica, y el esfuerzo más concienzudo de que la Verdad apareciera como única, sin mezcla de otras creencias. Todo ello al abrigo del silencio de unos monjes que dando de lado el fausto del mundo viven su vida en oración, estudio y trabajo, ideal que Carlos V quiso compartir.

    Así pues, remontémonos brevemente, lo que aquí se nos permite, a los orígenes para beber de sus frescas aguas del manantial mismo.

LOS ORÍGENES

    Allá por el 1.401 se trasladaron desde la ermita de San Cristóbal de Plasencia, los ermitaños Pedro Brames y Domigo.

    Castellanos, llamados de la Pobre Vida, no muy bien vistos por el Obispo D. Vicente Arias de Balboa, a la ermita de San Salvador, levantada sobre una de las colinas que se elevan al norte del actual Monasterio entre los términos de Cuacos y de Garganta.

    Un lugar solitario en el que no habitarían por mucho tiempo debido a las incomodidades del lugar. oy aún pueden contemplarse las ruinas tanto de la ermita como de pequeñas edificaciones. No cabe duda que da devoción a quienes sienten curiosidad por el origen de Yuste, el sentido de la historia y el espíritu que animaba a aquellos hombres apartados del mundo y viviendo solo para Dios.

    Se decidieron a abandonar el lugar y descendiendo por las faldas de la sierra hacia el mediodía, en una de las estribaciones de la montaña, como narra Domingo de Alborada en su Historia del Monasterio, se pararon en una de las estribaciones de la montaña junto a las cristalinas aguas de un arroyo llamado Yuste.

    En una propiedad de un vecino de Cuacos, llamado Sancho Martín, se instalaron; "la donación, dice la historia, se otorgó el 24 de agosto de 1.402, estando en la ermita del Señor San Gis, siendo escribano Fernández de plasencia, en Cuacos".

    Su austeridad y santidad de vida pronto atrajo a otros tres: Juan de Robledal, Andrés de Plasencia y Juan de Toledo. Aumentando el número de ermitaños levantaron un pequeño cenobio. La capilla de buena fábrica donde se trajeron, dice el cronista, algunas buenas pinturas de la ermita de San Cristóbal conservadas hasta el siglo XVII.

    La vida discurría, entre los trabajos manuales, como fueron la herrería y la zapatería, la labor del campo y la vida de oración. El P. Santamaría narra como comenzaban a dar fruto sus trabajos y labores del campo.

    Marchando las cosas debidamente, decidieron acudir al Papa Benedicto XIII, para que les concediera levantar una capilla con la advocación de San Pablo, primer ermitaño, así como que les concediera no pagar diezmos por los frutos de sus heredades.

Monasterio de Yuste    El Pontífice fue muy favorable a las peticiones de los ermitaños con no pocas concesiones por Bula del año 1.407. No encontraron igual acogida en el Obispo de Plasencia D. Arias de Balboa, no tanto por no dar credibilidad al documento Papal, como dice el P. Alboraraya, cuanto por verse privado de los diezmos, pingües rentas de las que el Papa les eximía, amenazándoles con la expulsión de su jurisdicción. El gozo se convirtió en llanto.

    "Borrascas" se cernían en las estribaciones de la sierra de Tormantos. Y si por el mundo eclesial venían las tormentas, por el mismo debía venir la bonanza. La oración era su refugio y confianza en Dios. Tuvieron la feliz inspiración de unirse a una orden religiosa que les ofreciese garantía de continuidad y por lo mismo de estabilidad, además, como dice P. Sigüenza, otros muchos habían seguido esos mismos pasos.

    Todo sacrificio y privación les parecía poco en su nueva forma de vida y para alcanzar luz y cabal discernimiento. Así crecían sus esperanzas y los frutos de sus heredades. Tras la donación que les hizo Martín Sancho compraron otro arroyo abajo llamado del Castañar perteneciente a Juan Sánchez, vecino también de Cuacos, por 450 maravedises, "en escritura de 21 de Octubre de 1.408 ante Sancho Gómez, escribano de Plasencia, estando en Cuacos, dice P. alboraya, la cual se otorgó a Pedro Bralles, ermitaño de la Pobre Vida, para él y para los demás hermanos espirituales que están juntos en Yuste".

    Juan de Robledillo y Andrés de Plasencia acudieron al infante D. Fernando, gran protector de esta religión, que les favoreció tanto la nueva Bula pontificia como licencia para edificar un monasterio bajo la advocación de San Jerónimo bajo la regla de San Agustín.

    Los hermanos de la Pobre Vida, en vida tan pobre, aún no estaban tan a buenrecaudo como ellos pensaban, y el Sr. Obispo Arias de Balboa, seguía en su cerrazón en contra de la nueva Bula Papal y del amparo y protección del citado Infante, estaba dispuesto a acabar de una vez por todas con los pobres ermitaños. Mandó a un tal Fr. Hernando de Plasencia, no sabemos de que religión fuese, hijo, seo sí de Inés Rodríguez de plasencia, a echarles del lugar en que se encontraban. Y sin más se vieron fuera de su casa y heredades, quedando al amparo de los vecinos de Cuacos.

    En Tordesillas se presentaron de nuevo ante el Infante, el que dándoles la Bula y cartas de recomendación para el muy Rvdo. Arias de Balboa, siguió sin reconocerles ni ceder a sus peticiones, mandándoles de nuevo el Príncipe a Medina del Campo, al Arzobispo de Santiago D. Lope de mendoza, que era a la sazón juez metropolitano de Plasencia, llevando en mano la Bula de Su Santidad así como una carta de recomendación. La carta fue escrita desde Tordesillas el 1º de Junio de 1.409.

    Hizo muy suyo el Sr. Arzobispo el caso de los ermitaños y les dio cartas para el Sr. Garci-Álvarez de Toledo, Señor de Oropesa con el fin de restituir al instante cuantos bienes les habían sustraído, y les mostrase en adelante su amparo. La carta la transcribe fielmente el P. Alboraya en su historia de Yuste, a donde remito (p.43 ss).

    Llegaron a Yuste con las concesiones debidas el 25 de Junio de 1.409, donde se dieron lectura los favores recibidos: la Bula de Su Santidad Benedicto XIII, la licencia del Sr. Arzobispo de Santiago, y la protección debida del Señor infante. Se les ponía como condición que habían de prestar obediencia a Fr. Velasco, superior entonces del convento de San Jerónimo de Guisando.

    Mil detalles pasamos por alto, que serían del todo curiosos y sumo interés para el conocimiento de tan importante historia, pero por no hacer mas extenso el trabajo de lo que aquí se permite, omitimos.

    Así se incorporaron a la Orden de San Jerónimo bajo la obediencia a Fr. Velasco, teniéndole como padre, pastor y guía. Fácil le era a tal Padre cosechar lo que se plantara en campos tan abonados, hombres tan austeros y virtuosos, formándoles en la nueva vida jeronimiana. Dejó al frente de la nueva comunidad a Fray Juan de Robledillo, con facultad para recibir nuevos religiosos.

    El pueblo de Cuacos siempre estuvo favorable, atento y pendiente a las necesidades de aquellos singulares moradores cuya vida era silenciosa, retirada, de oración y trabajo. Tuvieron necesidad de agua suficiente para el consumo de la comunidad y necesidad de las plantaciones. Juan de Robledillo salió en su busca y descubriendo en las inmediaciones indicio de un venero que se dice "Venero del Agorador", entre riscos y zarzales, donde está la fuente que se llama de San Juan, fuera de las propiedades que habían donado Sancho Martín. En tal hallazgo acudieron al Alcalde, Juan Sánchez Hidalgo y Concejo de Cuacos para que le cedieran aquel trozo de terreno, desde la cerca hasta la fuente, que era perteneciente al pueblo. visto el venero con agua suficiente ante el Notario Gil Martín y el Escribano Juan Jiménez, con los Regidores y Oficiales, les dieron mucho más de lo que pedían, señalándoles la cerca en la ladera de la montaña, que es la muralla que hoy se contempla en todo el recinto del Monasterio, incluida la finca de la parte baja de la carretera actual, con fecha a 17 de Noviembre de 1.410. Sería confirmada esta donación por las autoridades de Plasencia el 31 de Diciembre del mismo año.

    Por los motivos antes aducidos tenemos que dar un gran salto en el tiempo. A Fray Juan de Robledillo le sucedió en el cargo el Prior Fray Francisco de Madrid, que continuó las mejoras del Monasterio así como el adecentamiento de la finca: ambos irían al primer Capítulo General que se celebraría en Guadalupe el 26 de julio, día de Santa Ana, delaño 1.415, donde sufrirían no poca decepción al considerar las rentas de Yuste, insuficientes por entonces, para unirse a los demás conventos de la Orden. Con la consiguiente pena, acudieron al que salió como amparo y protector de la nueva comunidad,Garci-Álvarez de Toledo, antes que el Capítulo acabase, y atendiendo de nuevo a tal necesidad fueron admitidos en el seno de la Orden.

    Espero que los mil detalles de la evolución y progreso de la vida espiritual y material, así como los singulares avatares del Monasterio de Yuste, un día los podamos dar a conocer debidamente.

UN EMPERADOR EN EL CENOBIO

    El celebrar el V Centenario del nacimiento del Emperador Carlos V, ha sido un motivo para ahondar más y más en los archivos en busca de nuevos documentos que nos hablen y digan algo nuevo y diferente de lo que ya se sabe, acerca de uno de los hombres políticos mayores que ha tenido la historia, con un sinfín de facetas difíciles de agotar. El hombre pensativo, de fuerte temperamento, de firmes convicciones y sólidas creencias. Que ansía la unidad de Europa a la que ama y siente tan dentro de sí, y una religión que le dio la fe inquebrantable y con ella el sentido trascendental de la vida. Una religión exenta de elementos extraños que empañen la transparencia de la Iglesia, sin fisuras ni divisiones.

    Amaba España como lo expresó tantas veces. Recordemos como la saluda, la recibe y acoge en el desembarco de Laredo, aquel 28 de Septiembre de 1.556; aunque el Cesar estaría muy lejos de recibir la acogida que merecía y esperaba; el Obispo de Salamanca y el Alcalde de Durango, este sin dinero debido para pagar la flota que había venido con el Cesar durante doce días de navegación: "¡Dios os salve, oh mi querida madre!. Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo vuelvo a ti, como mi segunda madre!".

    Saldría de Laredo el 6 de Octubre por Ampuero, Nestosa, Agüera, Medina de Pomar, etc. hacia Valladolid, deteniéndose en aquella corte catorce días, rehusando todo agasajo y recibimiento solemne como le tenían preparado Don Enrique de Guzmán, Pedro Pimentel, El Duque de Alburquerque, el Obispo de Palencia y otros. Le acompaña una corte de 150 personas - incluída la pequeña guardia de alabarderos -, en su mayoría integrantes del servicio personal, casi todos flamencos, y junto a ellos un puñado de nobles, entre los que cabe destacar al hombre mas allegado al Emperador: Luis Quijada, Señor de Villagarcía de Campos.

    El 4 de Noviembre sale de Valladolid, por Valdestillas a Medina del Campo; aquí hará efectivo su sentido de austeridad y sobriedad, ante el opulento Rodrigo de Dueñas, que quiso hacer alarde y ostentación de su riqueza ante el Cesar, visto lo cual no lo recibió en su presencia y mandó le pagasen la estancia. Muy ensimismado en sí mismo, sin querer que le saquen de su último y más importante proyecto de vida: El Cenobio de Yuste, "Viene tan recatado de tratar ni que le hablen negocio, que ni los quiere oír ni entender" dice Luis Quijada a Vázquez de Molina.

    Horcajo de las torres, Peñaranda de Bracamonte, Barco de Ávila y otros pequeñños pueblos hasta el empinado y tortuoso Puerto de Tornavacas, el peor que ha pasado en su vida. El paisaje se ofrece espectacular: Sierra de Gredos, los Picos de la Cruz del Fraile o el Bercial, con sus 1.500 metros de altura, testigos mudos del paso del Cesar camino desu descanso. Eran las 12 de una mañana otoñal del 13 de noviembre de 1.556, cuando la comitiva toma de nuevo a hombros al Emperador, no la litera, ya que la subida es penosísima, dice Luis Quijada en carta a Vázquez, sino silla de mano, dirección al Puerto Nuevo, hoy conocido como Paso del Emperador.

    Más de siete horas tardaron en llegar a Jarandilla, al catillo de su buen amigo el Conde de oropesa, acortando siete jornadas. Le fue rendido homenaje y respiraba tranquilo. Tras cruzar Flandes, navegando por el mar de Poniente, y atravesando media España,alcanzaba su objetivo, su paz deseada: el retiro definitivo en el Monasterio de Yuste.

YUSTE, SU ÚLTIMA MORADA

    Tuvo que esperar un tiempo para que el pequeño Palacio adosado a a espléndida iglesia gótica de cuatro bóvedas de crucería se terminase de construir. Licenció a casi un centenar de flamencos, antiguos servidores que habían de regresar a los Países Bajos, entre los que se encontraban La Chaulz, Roelux y Ubermont. Una despedida cargada de emoción y pesar, "Es lástima ver partir una compañía de tantos años" dice Luis Quijada. Igualmente la despedida de 99 alabarderos, que arrojando sus alabardas al suelo, no querían servir en adelante a otro señor, después de haberlo hecho con Carlos V; así le rendían su último homenaje.

    Por fin, a paso de litera, un cortejo de 50 criados, para su servicio personal, hacia el último tramo de su recorrido hasta Yuste. A las 5 de la tarde del 3 de febrero de 1.557, con el repique de campanas, era recibido por el Padre Prior y la comunidad del Monasterio dándole la bienvenida. Al pié de la escalinata del presbiterio se cantó un solemne Tedeum y acto seguido el Emperador tomó posesión de su pequeño palacio.

    Y así, en un escondido rincón de la Vera, ajeno a toda mirada curiosa, y lejos del mundanal ruido, que dirían los clásicos, se esconde entre los silenciosos muros del claustro, el hombre más poderoso del mundo, cuya única ilusión es espiar sus pecados y preparar su alma de cara al último momento: su encuentro con Dios.

    A un cuarto de legua de Cuacos y siete de Plasencia, este lugar perdido, al abrigo de un monasterio jerónimo, austero y de una belleza sin igual, el Emperador ora, medita, se entretiene con sus relojes que le pone a punto y le cuida el matemático Giovanni Torriano, su confesor P. Fray Juan Regla, Fray Bernardino de Salinas, que le hacía las lecturas piadosas, los predicadores Fray Francisco de villalba, Fray Juan de Azarolas y Fray Juan de Santanderu. Tiziano siempre fue su pintor favorito, le pinta, entre otros, el cuadro de sus sueños: "la Gloria del emperador" que hoy se contempla en el retablo de la iglesia que tras su muerte le mandaría poner su hijo Felipe II.

SUEÑOS CUMPLIDOS

El Emperador Carlos V    Un día cualquiera del Cesar es un día cargado de meditación, lectura, paseo por sus jardines si los achaques se lo permiten y los sustanciosos coloquios con Luis Méndez de Quijada, el único miembro de la alta nobleza catellana de Villagarcía de Campos, esposo de Dña. Magdalena de hulla, que se trasladan a vivir a la pequeña villa de Cuacos con el pequeño Jeromín, el futuro D. Juan de Austria. El médico flamenco Doctor Enrique Mathys, el ayudante de cámara el flamenco Gillermo Van Male, que le ayudará a escribir sus memorias, Guyón de Morón su guardarropa y Jean Martín Ester su guardajoyas. No podemos olvidar a quien Carlos V llama "mi secretario" Martín Gaztelu, y Martín de Soto que le pone en limpio las cartas imperiales. Lee, aparte de libros piadosos como las confesiones de San Agustín o las cartas de San Jerónimo, libros profanos como El Caballero determinado, de Olivier de la Marche, y los comentarios de Julio César.

    Trajo los mejores cantores y músicos de la orden Jerónimo para un buen servicio religioso, sin faltar sin duda, la visita del reformador y penitente franciscano Fray Pedro de Alcántara y un viejo conocido, caballero de su Corte al servicio de la Emperatriz Isabel de portugal su esposa, el Duque de Sandía, cuya conversión es tan conocida ante el cadáver de la Emperatriz, el jesuita y luego santo Francisco de borra. Si antes habían compartido el mundo de las armas y los soñados deseos de una vida de retiro, ahora gozaban de ver hecho realidad sus anhelos espirituales. Eran ideales cumplidos.

EL HOY DE YUSTE Y UN VIVO RECUERDO

    La vida monástica jerónima de Yuste continúa. Pocas cosas han cambiado de entonces a hoy en lo que a lo sustancial se refiere. La Liturgia, la oración, el trabajo y el estudio. Los ritos y ceremonias, los cantos y las divinas alabanzas. Como si el tiempo no transcurriera, como si la Historia se detuviese y no nos separase un V centenario. Sigue el misterio y el silencio, el recuerdo vivo del gran hombre que supo desprenderse de todo, habiendo hallado la piedra preciosa que dice el Evangelio. Dando de mano a todo, buscando el Reino y su Justicia.

    Hay que acercarse como de puntillas, sin hacer ruido, escuchando en silencio, percibiendo el encanto y el misterio, para vivir el presente y la historia que no muere. Los monjes alabando a Dios día y noche, manteniendo vivo el ideal evangélico de perfección: "dejarlo todo y seguir al Señor en Soledad". Siempre me anima el recuerdo de un César lleno de ideales, hombre de grandes empresas, constructor de mundos nuevos, soñador implacable, hombre de unidad y paz. El gran hombre al que no le faltaba nada y comprendió que lo mejor y más grande le faltaba por conseguir: la conquista de si mismo, dejarlo todo y llenarse de Dios, tratando asuntos más importantes: su gobierno personal en los asuntos referentes a la fe. Como un día dijo San Pablo: "Todo lo estimo pérdida comparado con el conocimiento de Cristo".

    En fin, un hombre así siempre tiene un mensaje que dar, nunca perece su recuerdo. Me estimula en cada momento a algo mayor y más importante. No sólo se le recuerda, es un ejemplo permanente.



© Senderos de Extremadura, 2000.
Queda prohibida la reproducción de la información gráfica y escrita sin autorización del editor

portada Volver al índice
[Volver al sumario] [Volver al índice general]