Senderos de Extremadura
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La Plaza Chica de Zafra

Donde el tiempo se acomoda

Textos: José María Moreno González

[Establecimientos de Zafra en ALEX]

Espacio urbano de íntima belleza en él se halla sedimentada la historia y el germen del desarrollo de Zafra. Situada en el centro del casco histórico, su denominación hace referencia a lo reducido de sus dimensiones, y aunque tal calificativo ha coexistido con el de Pequeña, el de Chica ha sido el que finalmente ha pervivido.

En su regazo encontraron el marco adecuado aquellos pobladores que bajo el dominio musulmán comerciaban con productos de la época, vecinos que siguieron ejerciendo su oficio una vez que el solar pasó a manos cristianas, allá por el año 1.241. Los recién llegados y los ya existentes, optaron cómo fórmula más conveniente para sus intereses el permanecer juntos. Esta convivencia entre judíos, moros y cristianos, se articuló sobre la base de la tolerancia y el rechazo a actitudes endogámicas y excluyentes; fruto de ello, fue el enriquecimiento de su bagaje cultural al intercambiar sus distintas maneras de entender el espíritu y la materia.

pincha aquí para ampliar imagenPero la vida de los seres humanos solo acontece al aire libre, necesitan lugares donde guarecer su vida y su hacienda. Nuestros antecesores, también lo consideraron pertinente, para ello levantaron edificios que hoy todavía podemos apreciar. Se sirvieron de la técnica del arte mudéjar y de los materiales por él utilizados : el ladrillo y la cal ; el resultado: Construcciones sencillas y equilibradas, que permiten una contemplación serena y sin estridencias. Todo este conjunto de edificios que van surgiendo no produjo la regularidad actual de la plaza, esta es consecuencia de las continuas transformaciones que sufre el entramado urbano y, en concreto, para el caso que nos ocupa, el traslado de la antigua parroquia existente en lo que hoy es la Plaza Grande a su ubicación actual. Este trueque en dicho establecimiento religioso es el que incide en la configuración definitiva de su fisonomía.

¿Qué ha motivado este continuo progreso material?. El comercio. Efectivamente, la actividad comercial parece que pronto encontró acomodo en este lugar. En un primer momento, los productos que se podían adquirir eran los provenientes del ámbito musulmán; posteriormente, la llegada de las huestes cristianas hicieron converger nuevos productos que ensancharon la oferta. Ahora bien, esta incipiente actividad mercantil estaba sometida a la fragilidad de los tiempos y cualquier obstáculo que surgiera podía dar al traste con tanta afanosidad; por ello, es necesario resaltar un acontecimiento que conllevó la tranquilidad a los que aquí moraba, aunque en un principio contó con alguna oposición, nos estamos refiriendo a la donación real la familia Suárez de Figueroa de los lugares de Feria, Zafra y la Parra, en el año 1.394.

Esta merced real, origen de la Casa de Feria, deparó nuevas concesiones a la villa de Zafra como la de poder celebrar una Feria, por San Juan, a partir del año 1.935, y otra por San Miguel, en la centuria siguiente. Los nuevos detonadores del poder vieron en el desarrollo del comercio en Zafra un frente de riqueza que era necesario preservar, pergeñaron y consiguieron toda una serie de privilegios que afianzaron a su villa como un foco de atracción económica y antesala de la Sevilla oceánica.

pincha aquí para ampliar imagenEste desarrollo comercial, desconocido hasta entonces, sobrepasó el campo de acción del primigenio azoque y se desparramó por plaza y calles adyacentes. De igual modo, la oferta de mercaderías fue transformándose, pues, si en un principio engloba todo tipo de productos, la especialización trajo consigo el que los grandes mercaderes de paño y otros productos, buscaran lugares de más fácil acceso y se acercaron a la vía principal de la ciudad, la Plaza Grande. No quiere esto decir, que no siguieran perviviendo en los bajos de las casas de la Plaza Chica comerciantes y artesanos, no, solo que pasa a ser un foco secundario del comercio y a partir de finales del siglo XV, se convierte en oferente de productos perecederos; de ahí que en algunos documentos sea denominada Plaza de la Verdura. Claro, que cuando llegaban las ferias, era tan grande el número de los que venían a trajinar, que los soportales, enmarcados por arcos de ladrillo, eran alquilados durante los días de celebración de las mismas a los mejores postores.

Para que este comercio triunfara era necesario contar con instrumentos que dieran fiabilidad a las transacciones y estos no eran otros que los pesos y medidas. Estos tenían como objetivo el evitar abusos por parte de comerciantes avezados a incautos compradores. Testimonio de ello es la Vara de Medir que se halla grabada en el fuste de una columna; junto a ella debió de existir el cuarto del almotacén, fiel supervisor de los intereses de su señor.

También en ella el poder municipal tenía su sede, de ahí, que a veces fuera llamada como Plaza Pública. El edificio que albergaba la Audiencia Pública, tuvo que ser de las mismas trazas que los edificios colindantes, pero, su continuo uso debió incidir en su conservación, lo que motivó que fuera reedificado en el siglo XVIII, y es el que hoy ocupa el Palacio de Justicia. Ocupación que vino motivada por el traslado del Ayuntamiento, a finales del siglo XIX, al antiguo convento de la Cruz de Cristo, donde hoy continúa. Este añejo lugar, fue testigo de numerosos acontecimientos que cambiaron el devenir histórico de la ciudad, por poner un ejemplo: los embates de la burguesía comercial, capitaneada por el poderoso grupo de los Cameranos, contra el poder señorial en los postreros años del dieciocho. Cómo un apéndice de este edificio, se hallaba la cárcel, establecimiento que mantenía una ruina perfecta como se deduce de las continuas pincha aquí para ampliar imagenquejas de los alguaciles que custodiaban los presos.

Lo sagrado, también dispone aquí de su espacio. El retablo de la Esperancita, obra del siglo XVII, testimonia la existencia de la antigua parroquia en la Plaza Grande, da la bienvenida y el adiós a todos aquellos que acceden o se marchan por la mencionada plaza. Una cruz, situada en el centro, actúa como referente equidistante. Por último, toda la plaza se convierte en lugar donde se agolpan devotos y curiosos para ver transitar a la Virgen en busca de su Hijo y por el que retorna en su compañía la tarde noche del Miércoles Santo.

Hoy, otros son sus moradores y sus intereses; en cualquier caso continúan con la laboriosidad que parece dimanar del lugar, de hechos los blasones nunca han encontrado lugar en la Plaza Chica. Vecinos y profesionales de los distintos campos han procurado y procuran conservar el rico patrimonio del que disfrutan y son herederos; su buen quehacer ha redundado en que sea unos de los lugares más visitado y admirado por parte de los que se acercan a Zafra. Como olvidar a los distintos personajes de ficción que han ejercido su arte en tan acogedor lugar, el mundo de la farándula, en general, ha buscado su cobijo por facilitar la catarsis con el público.

En definitiva, es un espacio vivo al que hay que acudir para sentir el paso del tiempo, recorrer sus soportales buscando el sonido de los antiguos oficios, palpar en sus columnas acontecimientos trascendentes y disfrutar de placeres mundanos, a resguardo de un mundo que gira demasiado deprisa para apreciar las cosas sencillas y entrañables.


© Senderos de Extremadura, 1999.
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