Senderos de Extremadura
Estandarte de las fiestas LA ENCAMISÁ
Textos: Raúl Moreno Molero

[Establecimientos de Torrejoncillo en ALEX]
La fiesta de "La Encamisá" de Torrejoncillo, declarada de INTERES TURISTICO NACIONAL Y REGIONAL, cuyos orígenes son difíciles de precisar, tiene lugar en la noche del 7 al 8 de diciembre.
   Sobre Torrejoncillo
  Es uno de los pueblos más típicos de la Comarca del Alagón, al Noroeste de la provincia de Cáceres. Algunos hallazgos, como el de los exvotos encontrados en su término demuestran que ya hubo asentamiento de población en la Edad de Bronce. Después pasaron romanos, visigodos y árabes, pero sería a raíz de la repoblación de la Reconquista cuando definitivamente nace Torrejoncillo como asentamiento definitivo, allá por 1.200.

    El artesanado de este pueblo, sobre todo en lo relativo a su industria textil, lo hizo famoso en toda España hasta el siglo XIX, y hoy día puede considerarse aún como uno de los centros artesanales de más importancia de Extremadura. Todavía existen talleres de Tinajería, Orfebrería, Zapatería, Telares…Sin embargo, en la actualidad, se le conoce fundamentalmente como el pueblo de "La Encamisá".
   Fiesta de la Encamisá
   La fiesta de "La Encamisá" de Torrejoncillo, declarada de INTERES TURISTICO NACIONAL Y REGIONAL, cuyos orígenes son difíciles de precisar, tiene lugar en la noche del 7 al 8 de diciembre.

   Nueve días antes de la noche señalada, el pueblo entero va preparándose para el gran momento. Una novena en honor de la Virgen Inmaculada sirve de calentamiento. La magnífica Iglesia Parroquial de San Andrés, del siglo XVI, se llena hasta quedarse pequeña cada noche. Muchos no volverán hasta el próximo año. Pero no libran ni un solo día. Antes y después de este acto religioso suelen escucharse frecuentes disparos de escopetas y el sonido alegre de cohetes que van creando la ambientación adecuada para la llegada de La Encamisá, que cada torrejoncillano prepara en su casa ceremoniosamente. Los que van a ir a caballo, se aseguran de que todo esté en su sitio, los escopeteros limpian ritualmente sus armas y fabrican sus cartuchos de fogueo, se preparan los dulces y la casa para acoger a todos los familiares y amigos que vienen de fuera. Cuando llega la hora todo está listo y los sentimientos a flor de piel.

   Ya el día 7, desde las 9 de la noche los jinetes, "encamisaos", con sus caballos y cubiertos con sábanas blancas adornadas, se van congregando en la casa del Mayordomo donde se les facilitan los faroles que habrán de portar durante toda la procesión. Los escopeteros también salen de sus casas despidiéndose con salvas y se van acercando a la Plaza Mayor, lugar de encuentro y espera. Los demás acuden también después de haber quedado preparadas las hogueras en las plazuelas y los haces de jachas que quemará al paso de la comitiva.

   Se acerca el momento culminante, las 10Estandarte por las calles  de la noche, y nadie más cabe en la Plaza cuando por fin irrumpen espectacularmente cerca de 300 jinetes con sus respectivos caballos, aclamados por los millares de torrejoncillanos, y visitantes de todos los lugares de España y de otros países incluso. Las escopetas y los cohetes hacen enmudecer los vítores y la canción de esta fiesta que entonan por grupos, hasta que por fin el viejo reloj de la Iglesia da las diez campanadas. Se abre la puerta y sale escoltado por un grupo de hombres el estandarte celeste de la Virgen Inmaculada. Tanta emoción es indescriptible. Hasta los más fuertes de ánimo tienen un nudo en la garganta. Los disparos, las campanas, los vivas rotos muchas veces por las lágrimas y el llanto incontenible, quedan atónitos a los que han venido por primera vez a esta fiesta y también a los que ya la conocen. Nadie puede explicarse.

    El estandarte llega flotando a manos del mayordomo, que lo recoge en el instante más feliz de su vida, lo alza y lo ofrece para que sea vitoreado y aclamado, e inicia el recorrido pausado por un trazado sinuoso, de gran tipismo, que prácticamente da la vuelta al pueblo. En cada plazuela y en cada balcón se repiten las emotivas escenas durante las tres horas que aproximadamente dura la procesión. Por fin regresan a la plaza y, después de darle una vuelta ante el clamor de todo el pueblo, el Mayordomo entrega el Estandarte, que a duras penas entra en la iglesia hasta el año que viene. Después la mayoría lo festeja con vino y coquillo- un dulce típico endulzado con miel- en un ambiente de alegría desbordante.

    A "La Encamisá" le sigue la fiesta de la Inmaculada del día 8 de diciembre, más conocida en Torrejoncillo como "La Pura", y al día siguiente, "La Pura Chica". A estas fiestas de siempre se le han unido otras celebraciones que se han hecho ya tradicionales, como son "El Pregón" y la "Ofrenda de Flores", aportaciones de la Asociación de Paladines de "La Encamisá", asociación encargada únicamente de la organización y potenciación de la fiesta, siempre en estrecha colaboración con el ayuntamiento.
   Orígenes de la Encamisá
Salvas al estandarte   Sobre los orígenes de La Encamisá, todo lo que se diga o escriba son especulaciones más o menos creíbles, más o menos acertadas. Muchos han sido los que han investigado y ninguno ha llegado a una conclusión irrebatible.

    Entre los Pregoneros de esta fiesta algunos se han preocupado en dar explicaciones de entre las que destacamos la de Juan Mª Nuñez González, Pregonero en 1985, que consideraba esta fiesta como la dramatización de un hecho histórico legendario; la salida de la hueste hacia la guerra y su vuelta en olor de multitudes, que culminaba con la entrega del pendón victorioso, del estandarte protector. Este hecho bien pudiera datarse en el siglo XIII, cuando por fin la Reconquista se iba haciendo una realidad gracias a la lucha constante contra los infieles, y a la repoblación de las villas conquistadas, donde se formaban las llamadas milicias concejiles, que se organizaban para realizar operaciones de castigo a un enemigo siempre al acecho, casi siempre de noche, que además obedecían a su jefe natural, el alcalde, también llamado mayordomo, merino o juez. O bien ya en el siglo XVI, bajo el reinado del Emperador Carlos V, pocas semanas antes de la famosa batalla de Pavía contra el Rey de Francia, Francisco I, cuyo ejército era tan poderoso que las tropas imperiales rehusaban un enfrentamiento directo y optaban por estratagemas más adecuadas a su situación, entre las que se encontraban las encamisadas, con las que conseguirían un importante desgaste en los ejércitos franceses y su derrota final en la mencionada batalla.

    Antonio Alviz Serrano, pregonero de 1991, se pregunta si no podría ser La Encamisá la conmemoración de una victoria más cercana, en un posible ataque al castillo del vecino pueblo de Portezuelo, en tiempos de la Reconquista, cuando moros y cristianos pugnaban constantemente por esta tierra de nadie; y si en realidad no pudiera ser ésta una fiesta de origen árabe, por los muchos rasgos de esta cultura que contiene la Encamisá y por la propia estructura árabe de la población torrejoncillana; teniendo en cuenta además que hay fiestas muy parecidas en la forma en distintas ciudades del norte de Africa como Marrakech. Posteriormente se transformaría en una fiesta dedicada a la Virgen de la Inmaculada, que aunque su dogma no se promulgaba hasta 1854, contaba en España con fieles defensores ya desde el siglo VII, asegurándose así la supervivencia en el tiempo.

    Otros investigadores, como Juan Moreno Lázaro, sostienen que esta fiesta pudiera proceder de la guerra de Flandes, allá por 1585, donde se cuenta que cuando Francisco de Bobadilla y sus tercios se ven obligados a recogerse en la isla de Bommel, cercados por el enemigo, y dispuestos a morir, uno de los soldados, el mismo día 7 de diciembre, encuentra, al cavar para hacer una trinchera, un canuto con un óleo con la imagen de la Purísima. Este hecho levanta la moral de la tropa y el lienzo es vitoreado. En esa madrugada del 7 al 8, cae una helada tan grande que los barcos que cercan la isla quedan inmovilizados por el hielo. Advertido Bobadilla, ordena a los soldados que se pongan sus camisas sobre el uniforme, y deslizándose sobre el hielo, logran sorprender al camuflarse, a los holandeses, que pasaron de sitiadores a prisioneros. Los tercios son transportados al pueblo de Bulduz a donde llevaron el lienzo y donde celebraron una fiesta.

Procesión junto al estandarte    No todas las interpretaciones de esta fiesta buscan su origen en un hecho bélico, pues José María Domínguez Moreno, escribe convencido en el número 23 de la revista Alminar, que La Encamisá es una celebración milenaria, prerromana, de origen Indoeuropeo, al relacionarla con la Diosa Ataecina, que es la diosa de la noche, que tiene potestad sobre las fuerzas malévolas. Y promulga que esta fiesta tiene un doble sentido: por una parte la veneración de la diosa prerromana y por otra la expulsión, mediante su intervención divina de todos los males. Fundamenta su conclusión en base a que La Encamisá es una fiesta próxima al solsticio de invierno, fecha plagada de ritos y cultos a las fuerzas de la naturaleza desde la remota antigüedad, y teniendo en cuenta que todos los elementos de la fiesta están relacionados con el fuego y los ruidos estruendosos, que tienen un fin purificador. Por otro lado, en Torrejoncillo se han encontrado unos exvotos de bronce pertenecientes a la Edad de Bronce, entre ellos un jinete montado en un caballo. Y justifica la transformación de esta fiesta hasta estar dedicada a la Purísima Concepción, por un proceso que ha ocurrido con otras muchas fiestas: en un principio, con la llegada de los romanos, la Diosa Ataecina sería adaptada a la equivalente diosa romana Proserpina, que según la mitología fue raptada por Platón, quién escapó con sus negros caballos. Ceres, que era su madre la buscó por todas partes alumbrándose en la oscuridad con antorchas. El Cristianismo, tras su intento de extirpar las viejas creencias sin poderlo conseguir, se ve obligado a adaptar estas celebraciones paganas, en este caso asimilando Proserpina (Ataecina) a la Virgen María.

    Estas no son las únicas interpretaciones de La Encamisá, ni tampoco es fundamental determinar el origen, pues la fiesta en sí constituye un atractivo sobresaliente, digna de ser conocida en vivo.


© Senderos de Extremadura, 1999.
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