Senderos de Extremadura
Templo de Diana

El Templo de Diana

Autor: JOSÉ MARÍA ÁLVAREZ MARTÍNEZ

[Establecimientos de Mérida en ALEX]

pinchar aquí para ampliación C
orrían los comedios del siglo XVI. Mérida era ya "un niño dormido en los brazos de un gigante", como la definiera Larra unos siglos después. En realidad, esa situación de gran señora venida a menos la arrastraba desde la época árabe, cuando perdió el tren de la historia después de mil avatares y azarosas circunstancias. El estilo gótico, tan caro a los hispanos por su espiritualidad y mensaje. Seguía pesando en aquella sociedad, a la que llegaban ya con cierta nitidez los prodrómos del renacimiento.

El recuerdo de la antigüedad clásica, a la que se pretendía imitar como fiel reflejo de la siempre buscada perfección, debió calar muy hondo en aquellos habitantes de Mérida, donde en medio de un modesto caserío aún se alzaban, desafiando al tiempo y como muestra de su esplendoroso pasado, las ruinas de un templo romano, cuyo emplazamiento fue elegido por un noble ya asentado hacía algún tiempo en la población, el señor de los Corbos, para levantar su morada, la "Casa de los Milagros", como la denominara el elemento popular emeritense tan dado a conceder este calificativo a las grandes construcciones de la arquitectura romana emeritense cuyos vestigios aún enhiestos causaban el asombro general.

pinchar aquí para ampliaciónA partir de entonces varios fueron los eruditos y arqueólogos que se hicieron lenguas a la hora de describir los restos del edificio religioso romano, al que Moreno de Vargas siguiendo la corriente de su tiempo, creyó dedicado a la diosa Diana, al igual que el de Éfeso, cuya fama inundó todo el solar del antiguo imperio romano. En todos ellos siempre un afán, "Un deseo de ver liberado el templo del sudario de sus muros degradantes (de la mansión de los Corbos)", de terminar con aquel "Matrimonio, cuyos cónyuges parecían estar siempre en total desacuerdo", según frases del arqueólogo francés, Pierre Paris. Y, por fin, llegó el día en que el edificio pudo ser adquirido por el Estado para su puesta en valor.

pinchar aquí para ampliaciónUna vez realizadas las correspondientes excavaciones, y aunque faltan zonas por determinar convenientemente, se pudo tener una idea clara de las características de tan notable ejemplar de la arquitectura hispanorromana, felizmente conservado gracias a la circunstancia antes referida.

Se trata de un edificio concebido dentro de un espacio sagrado, ajardinado, con sus estanques y fuentes, delimitado por un pórtico, cuyo muro de cierre se ha conservado en buena parte. A él se accedía fundamentalmente desde la Plaza Pública, el Foro, en el que se situaba su escalinata. En ese lugar se dispuso una suerte de tribuna, delimitada en planta por una exedra, Rostrum, desde donde las autoridades de Emérita, en medio de las efigies de diversos miembros de la casa imperial, como ha demostrado la Dra. Nogales, se dirigían a la multitud en ocasión de las efemérides más notables de la ciudad.

El templo era períptero, hexástilo, con once columnas en los laterales dispuestas sobre un alto podio o basamento, paramentado con sillares de granito, material que sirvió para la construcción de los demás elementos arquitectónicos. Una capa de finísimo estuco cubría todo el edificio. Así era también la decoración del friso y de los capiteles, como puede comprobarse todavía en la columna conservada en el Museo Nacional de Arte Romano, y cuyas características, al igual que las de toda su arquitectura, nos lleva a la época de Augusto para su cronología.

pinchar aquí para ampliaciónEl granito procedía de las canteras emeritenses ubicadas en la zona cercana al embalse de "Proserpina".

Una de las cuestiones más debatidas por los arqueólogos e historiadores que se ocuparon del templo fue la de su dedicación. La atribuida a Diana por Moreno de Vargas no tiene otra explicación que la del acendrado amor al terruño del cronista emeritense, quien no tuvo empacho en parangonar todos los monumentos de su ciudad con obras singulares bien celebradas por todos. Más tarde, otras teorías lo vincularon al culto de Júpiter, por lo que el templo se aproximaba en su carácter a un capitolio. Tampoco faltó quien lo vinculó al culto imperial, teoría que ha prevalecido.

pinchar aquí para ampliaciónEfectivamente, una serie de caracteres arquitectónicos, como la tribuna de la escalinata de acceso, presente en más de un templo dedicado al culto dinástico, algunos hallazgos relevantes de efigies emperadores y de miembros de la familia imperial y su situación junto a otra plaza pública parecen datos suficie4ntes como para vincularlo al culto oficial.

La referida plaza pública aneja, dotada de un magnífico pórtico con esplendorosa decoración, formaría conjunto con el espacio ocupado por el templo, constituyendo ambos edificios un Augusteum , o lugar dedicado a recordar las glorias del primer emperador de Roma, fundador de la ciudad y de su familia. El programa iconográafico hallado lo avala suficientemente y se sitúa, como fiel remedo, en la línea del que existió en el propio Foro de Augusto de Roma (Forum Augustum), como se pone de manifiesto en el proceso de investigación que ahora se sigue. El templo sufriría varias reformas a lo largo de su existencia y se abandonó, probablemente hacia la mitad del siglo IV D.C. Luego, en su abandono, tuvo otros usos.

Hasta el momento se han llevado a cabo algunas restauraciones, no excesivamente acordes, en algunos de sus punto, con la realidad, y se ha dotado de un buen sistema de iluminación para su contemplación nocturna.

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© Senderos de Extremadura, 1999.
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