PLASENCIA

tres perspectivas, una sola mirada


Plasencia, la ciudad de las tres culturas del norte extremeño, la pionera en los Estudios Generales o universitarios, la Atenas de Extremadura, la que proyecta la sombra de su catedral sobre el cahón de los Caballos, la que busca agradar a Dios y a los hombres, la que contempló el vuelo del Dédalo extremeño. la que se refresca con el paso del río del Gozo o el Xérete, la que es muy noble y leal a sus reyes, la ciudad que se ganó el que la llamaran benéfica porque se apiadó de sus derrotados hijos, la que luchó por la libertad y por sus fueros contra la aristocracia guerrera, la que disfruta de sus fiestas y su vida cotidiana, la que acoge a todos sin preguntar su origen, ofrece desde la pluralidad cuatro visiones o perspectivas diferentes pero desde una misma mirada: el amor a la ciudad por personas que nacidas o establecidas aquí, que han encontrado algo especial en ella y que les ha llenado el alma para contárnoslo a todos.

Disfruten con la lectura sosegada de estas páginas que, a buen seguro les hará ver de una manera diferente, pero interesante a la vez, nuestra ciudad.

RECINTO MURADO
Por Álvaro Valverde*
C
ómo mirar con otro ojos lo que uno ha visto tatas veces; sin embargo, él intenta hacerlo cada poco. ¿Qué pensaría si fuera un forastero que llegara de pronto a esta ciudad?, se ha preguntado a menudo; al volver, por ejemplo, de un viaje. Nunca la dejó mucho tiempo, es cierto. Por eso, esas breves estancias fuera de ella no le han impedido seguir sintiéndola cercana, demasiado próxima a veces. Cree que algo de ese agobiante entorno amurallado que la define ha contagiado su manera de ser, convencido, como está, de que una ciudad es, antes que nada, un estado de ánimo; algo que se contradice, en este caso, con la voluntad del rey que la fundó en el siglo XII bajo el lema “Ut placeta Deo et hominibus” ( para que agrade a Dios y a los hombres). Uno no elige el lugar donde nace pero casi siempre escoge el sitio en donde vive; con todo, a veces le sobreviene un imperioso deseo de huir o un sentimiento de pesar por no haberlo abandonado a tiempo, por incumplir la sentencia del poeta Eugenio Montejo:

“ no proyectes quedarte entre sus muros,
hasta fundirte con el paisaje”.

Así, siente por él una mezcla de amor y de odio. Contento de permanecer en un entorno habitual y conocido donde se siente seguro y confiado, triste por reconocerse en cada rincón como un habitante fantasmal que estuviera condenado a vagar eternamente por el mismo, invulnerable laberinto. Sí, algo de enmarañado itinerario circular tiene esta plaza, trazado medieval de calles y callejuelas oscuras y sinuosas, con frecuencia en cuesta, con algo de zoco y algo de judería, que se ve forzado a recorrer el paseante, tanto el eventual como el estable. Edificada junto a un río, el muy modesto Jerte (del árabe Xerete, río de gozo), que forma en su transcurso un gran meandro que al cabo la rodea como si de una ajada se tratase, Plasencia se alza de sus orillas con orgullo y hasta pudiera parecer que le estorbara su curso delicado. Sólo la Isla, una amena alameda que ha servido durante siglos al ocio de los placentinos, le pertenece. El reto, ya se dijo, le ha venido dando la espalda, temiendo acaso lo que de acabadamiento el agua lleva, camino de la mar, que es el morir. En lo alto, por encima de una abarrotada montaña de tejados rojizos que salpican los tonos blanquecinos de algunas azoteas y los verdosos de los árboles –magnolios, palmeras-, que se yerguen desde patios recónditos,, la catedral o, mejor dicho, la imponente fábrica unida e inconclusa de las dos catedrales: lo que queda de la vieja, la románica, y a su lado la nueva, construida siguiendo el modelo de tres naves del templo renacentista . Ya dentro, sobresale el coro, con su sillería taraceada en nogal por el maestro Rodrigo Alemán de que cuenta la leyenda que, ya debido a lo procaz y obsceno de las imágenes talladas, ya a su condición de judío converso, fue encerrado en una de las torres y que con las plumas de las aves que cazaba se construyó unas alas y que con ellas voló hasta dar, como Ícaro, con sus huesos en el duro suelo de la Dehesa de los Caballos, en la margen contraria del río. No es la única obra digna de mención en este monumento que pasa por ser el de mayor categoría artística de Extremadura. Así, la fachada principal, el retablo mayor con cuadros de Ricci y esculturas de Gregorio Fernández, el patio del Enlosado o la torre de la Capilla de San Pablo, semejante a la del “melón” de Salamanca. Pero la catedral, con ser la obra más visible, no tiene la exclusiva, menos aún en una ciudad llena de iglesias, palacios, casas señoriales o conventos de un elevado nivel arquitectónico. Por la abundancia de éstos y por el mencionado carácter renacentista de no pocos, tiene esta ciudad un elegante aire italiano, acentuado por la nueva normativa acerca del tono que deben lucir las fachadas de las casas que se adapta a la infinita gama de los ocres y destierra el antaño predominante color blanco. De esta manera, Plasencia ha dejado de ser la ciudad blanca que fue; en una latitud, por otra parte, tan impropia. Eso no es óbice para que siga siendo un lugar luminoso, de una luz limpia que hace que las cosas parezcan transparentes. Sólo en verano, cuando hace la calima y el calor se hace tórrido, esa luz se hace turbia y entonces los edificios adoptan un aire decididamente irreal que incluso inquieta.

Bajo esa flama debió verla el pintor Gutiérrez-Solana que la describe en su libro La España Negra, donde dice que “la catedral tiene un color amarillento dorado de piedra calcinada por el sol; está encima de una muralla, y a lo lejos se confunde algo con la tierra, pues tiene su mismo color”.

Al protagonista de este relato le gusta contemplarla a la hora del crepúsculo, cuando desde calles recoletas e inclinadas, como Sancho Polo, o más transitadas y en pendiente, como la del Rey, mira a lo lejos y ve que ese mismo sol, al ponerse, dora los edificios y fulge, a punto de extinguirse, contra los cristales de los miradores. Aunque todas las esquinas de Plasencia le traen algún recuerdo, también en esto tiene sus preferencias y, entre todas, si tuviera que elegir su lugar predilecto optaría por el balcón trasero del Palacio del Marqués de Mirabel, a un paso del Parador y del soberbio Conventual de San Vicente, el que está encima del pasadizo o cañón, en medio de la piedra verdosa por la humedad y por le musgo que se aferra sin tiempo a sus paredes. Sobre él, una paradójica inscripción: “Todo pasa”. Tampoco evitaría asomarse al pensil que en el mismo palacio, pero al lado contrario, recoge un antiguo botín de Luis de Zúñiga, donde cipos, bustos de césares y columnas de mármol nos hablan en griego y latín de la fugacidad y de la muerte.

Los incesantes paseos intramuros de nuestro personaje son, ya se dijo, las sendas reiteradas de un mismo itinerario. Allí, en torno a un plano que reconoce casi a ciegas, le podréis ver caminando solo, a menudo deprisa, junto a los muros de los escasos jardines cerrados que quedan; fijándose en el vuelo de las cigüeñas que giran y planean alrededor de veletas y espadañas; escuchando el monótono sonar de las campanas; comprobando que los mismos náufragos siguen varados en los mismos bares; imaginando las vidas de los otros por las luces encendidas en las ventanas de sus casas; oliendo, según las estaciones las rosas o el azahar y, cualquier martes, desde hace varios siglos, la abigarrada mezcolanza que destilan los típicos productos del mercado: las hortalizas y las frutas, los embutidos y los quesos, el pimentón y las especias y los ajos.

Reconoce que la ciudad de su memoria, en la que él vive (como todos habitan en un sitio ficticio inventado por ellos), no queda fuerapuertas. Pocas veces se atreve a aventurarse más allá de ese centro que él entiende secreto a pesar de los años.

En este sentido, Plasencia es para él un interior, tal como lo explicaría Javier Marías al referirse a la emblemática ciudad de Venecia: “porque nunca hay fuera y es completa en sí”. Tras la muralla se encuentra otra ciudad que desconoce. Es como todas: avenidas, semáforos, bloques de pisos, hileras de casas adosadas, grandes superficies e institutos. Se le antoja que ese mundo es inhóspito o que no es suyo. Él prefiere las referencias de costumbre, otra ciudad no menos viva pero sí más vivida. Sujeta, en todo caso, a un tráfago distinto: el de la inmemorial ciudad levítica. De calles con comercios, sin coches, con gente que compra o se limita a ver escaparates. De plazas con terrazas donde la visa suele beberse a sorbos lentos. Sentado en una de esas mesas, en la Plaza de San Nicolás o en la Mayor, podría tomar en sus manos el libro que desde el siglo XVI mejor retrata este lugar, su guía más hermosa, y leer las páginas que le dedicara el médico placentino Luis de Toro, Descripción de la ciudad de Plasencia y su obispado (1573), escritas en latín y en un solo párrafo del principio al final, según nos avisa el erudito, de los muchos que abundan en estas estaciones provinciales. Nada que no merezca comentarse queda fuera de ese libro, que trata de la categoría de sus vientos y de las variedades de su vegetación, de la descripción de sus fuentes y de la salubridad de su clima, del catálogo de sus monumentos y de la prolija enumeración de sus vecinos más ilustres. No olvida el galeno que ésta no es sólo una ciudad sino todo un territorio: el que conforma junto a las tierras y los valles que la circundan. Por eso, el viajero que llegue a ella se verá obligado a visitar sus alrededores si quiere comprenderla y valorarla como se merece.

Sin La Vera, los Valles del Jerte y del Ambroz, el parque natural de Monfragüe – por citar sólo los lugares más cercanos. Plasencia no es, sin duda, la misma. Y pues que de cercanía hablamos, no estaría de más hacer alusión a su proximidad con Portugal para mencionar, de paso, el carácter melancólico en el que suele sumergirse, una atmósfera teñida de saudade propia de esas ciudades interiores que tienen por delante, como un lujoso lastre, su pasado. Ciudades construidas no tanto para ser habitables cuanto para ser imaginadas. Sí, nuestro caminante tiene la fundada sospecha de que la suya es una ciudad poco real o que su realidad le viene dada por su disposición a ser escrita, a ser urbanizada con palabras. ¿Será ésta, se dice, una pura ciudad inventada? ¿Tendrá correlato en la que ven los otros, tanto de aquí como de fuera? En rigor, le importa bastante poco este dilema, persuadido, como está, de que, por insignificante que sea, toda ciudad encierra la posibilidad de ser soñada.


*Álvaro Valverde nació en Plasencia, Cáceres, en 1959. Es autor de libros de poesía como Las aguas detenidas (Madrid, Hiperión, 1989), Una oculta razón (Premio Loewe, Madrid, Visor, 1991), A debida distancia (Madrid, Hiperión, 1993), Ensayando círculos o Mecánica terrestre (ambos publicados en Barcelona por tusquets, en 1995 y 2002, respectivamente). En 2000 publicó su primera novela, Las murallas del mundo (Sevilla, Algaida). Una selección de sus artículos periodísticos está recogida en El lector invisible (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2001).


APUNTE HISTÓRICO
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a “Muy Noble, Leal y Benéfica” ciudad de Plasencia fue fundada por el rey castellano Alfonso VIII en 1186. <<Ut placeta deo et hominibus>>, (Para que agrade a Dios y a los hombres) es la divisa que orla el escudo de la ciudad en cuyo centro campea un castillo mazonado; a la derecha de éste un castaño y a la izquierda un pino, ambos con sus raíces al descubierto. Concebida desde sus orígenes como fortaleza, denota en todo su casco antiguo un muy pronunciado carácter militar. Su recinto amurallado; construido allá por el año 1198, constaba de 70 torres, 8 puertas y una fortaleza, hoy ya desaparecida. Desde 1189 es sede episcopal por lo que cuenta con dos Catedrales, la Vieja de los siglos XIII-XIV, y la Nueva del XVI al XVII.

La ciudad fue de realengo hasta 1442, fecha en la que pasó a manos de Pedro de Zúñiga por concesión del Rey Juan II, con el título de condado hasta 1488 que pasaría a Los Reyes Católicos. Desde finales del siglo XV, Plasencia acogería a lo más nombrado de la nobleza extremeña, lo que propició que duques, condes y marqueses residieran en la ciudad dejando, afortunadamente un gran legado histórico-artístico del que gran parte aún se conserva.


DE COMPRAS POR EL CENTRO HISTÓRICO
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undada a finales del siglo XII por Alfonso VIII de Castilla para evitar el ánimo expansionista de portugueses y leoneses, así como para repoblar las tierras arrebatadas al Islam, enseguida tejió en torno a ella una tupida red de intereses comerciales basado en el intercambio de bienes y servicios de su territorio jurídico y los pueblos que la integran, aprovechando su inmejorable situación económica en la confluencia de caminos y rutas hacia los valles del norte de Extremadura.

Hoy en día conserva tradiciones comerciales vivas ya recogidas en los Fueros de la ciudad, como son el tradicional mercado semanal del martes, las ferias de junio y el trato ganadero en las inmediaciones de la calle Talavera, donde los tratantes cierran sus negocios con un apretón de manos.

Reflejo de todo esto es la abundancia de comercios de gran calidad por todo el recinto amurallado que se va desarrollando con el proyecto del Centro Comercial Abierto.


LA CATEDRAL DE PLASENCIA
MANIFESTACIÓN CULTURAL CRISTIANA
José Sendín Blázquez*
A
caba de aparecer un nuevo libro mío sobre la Catedral de Plasencia. Ni es un libro más ni es definitivo. Es un libro distinto escrito bajo las nuevas coordenadas eclesiales, sustentado por todos nuestros haberes anteriores.

Hay unos puntos de partida muy actuales que muchos todavía no han asumido. El intento de potenciar el turismo, muy loable en sí mismo, ha reducido el arte de la Iglesia a juzgar y condensar los bienes de la Iglesia con los solos y fríos criterios del Arte en general.

Algo que podría ser válido si en esos criterios se llegara a sus más profundas raíces. Norma que solamente se sigue para alguna que otra obra pero no a todas. Cualquier efecto artístico va más allá de los cánones de un pupitre universitario. Afirmación absoluta para todas las obras pero sobre todo para las de la Iglesia. “El Arte en la Iglesia es una consecuencia, no es una causa motriz”.

Gracias a Dios esto empieza a ser una esperanzadora realidad exigida, impuesta, por las normas vaticanas y que está haciendo suya la Conferencia Episcopal Española, que dictamina más allá de los museos:
“ Los Bienes de la Iglesia son un exponente cultural de la comunidad cristiana. Son la memoria sensible de la evangelización y valioso instrumento para la formación integral del hombre”…”cada obra puede ser contemplada en relación con su función y su momento histórico, social, ambiental y devocional, de los que constituye una peculiar expresión y testimonio”…
“ Son un espacio de conocimiento, disfrute artístico, catequesis y espiritualidad, que hace visible la historia de la Iglesia”.
Por lo tanto para aquéllos que se acercan a nuestros Bienes Artísticos hay “que prestarles el importante servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia y de la difusión del humanismo cristiano”.
Resumido por la Iglesia nuestros Bienes Artísticos no son una curiosidad, ni solamente una lección de Arte sino una “catequesis y una evangelización”.

Aplicado a la visita a la Catedral “se requiere una particular predisposición interior, ya que allí no sólo se ven cosas bellas, sino que en la belleza de la Obra de Arte se nos llama e invita a percibir lo Sacro, orientando los corazones, las mentes y las voluntades hacia Dios”.

Con estas ideas, que podían ser más, se comprenden las intenciones que han motivado mi libro. No hemos tratado de hacer un libro sobre el Arte de la Catedral o Catedrales de Plasencia, sino un libro interpretando en su totalidad estas normas dictadas por la Iglesia que son normas válidas para la comprensión de nuestra Catedral. Algo necesario para cualquier catedral pero más aún para las nuestras al ser consecuencia de varios siglos, prácticamente de toda la historia diocesana.

Hemos querido entrar también en el alma y en el pueblo de Plasencia que engendró nuestras catedrales, en cada uno de sus momentos, en todos los aspectos sociológicos, artísticos puestos “al servicio de la evangelización, de la educación, del estudio, de la investigación y del deleite estético”..

Lo hemos hecho con tanto ahínco que hay ideas que se encontrarán repetidas para su aplicación, porque las vertientes de contemplación obligan a ello. Nos hemos centrado en la concepción de la Catedral, en la de su Retablo Mayor, en la de su Coro, en las de sus imágenes más señeras y significativas, en que ha puesto el pueblo llegando a la misma leyenda, a sus recuerdos perdidos, a su trágica muerte artística cuando se pararon las obras de construcción.

Pero nos hemos sentido animados por lo mucho que conservamos, que nos crea ilusiones, porque tenemos haberes únicos, suficientes para alentar nuestro colectivo orgullo humano y cristiano.

Creemos que el libro era una necesidad y lo hemos hecho con grandes sacrificios personales. Honrando a la verdad, nos han dejado solos las Autoridades religiosas y civiles.

Sin embargo, creemos estar poniendo a disposición de los visitantes y de los “enseñantes” un material necesario y además bello. Intentamos dar comienzo al cambio que se tiene que operar a la forma de manifestar nuestro patrimonio religioso, para sentirnos inmersos en las líneas dictadas por la Iglesia, incluso desde la misma Roma.

Pensamos que la grandeza artística de Plasencia tiene uno de sus patrimonios más sensibles en los Bienes Eclesiales. Bienes que queremos poner a disposición de nuestros visitantes, pero sin olvidar nunca sus orígenes en lo religioso y su destino para lo religioso. Entre todos destaca sin titubeos la Catedral coincidente en su totalidad con la misma historia de Plasencia, derivar entonces las líneas catedralicias a este campo es una imposición y una exigencia de nuestras creencias.

No olvidemos que para muchos visitantes de la Catedral esa visita posiblemente en el único contacto que tienen con lo Sacro y lo Evangélico y estamos obligados a que sea así.

Todavía buscamos más: Nos recreamos, aunque sea con brevedad, en los recuerdos de nuestra grandeza de antaño hacia los cultos religiosos dentro del contexto de su época, en las devociones populares de santos y de necesidades seleccionadas a la perfección y remediadas desde lo cristiano placentino.

Estamos convencidos que todo esto no se conseguirá solamente con nuestro libro. Hay que cambiar muchas cosas más. La misma Conferencia Episcopal nos orienta: “Formar y coordinar al personal “… “Elaborar y mantener actualizado el inventario-catálogo”… “Elaborar programas de actividades”… “El voluntariado puede prestar una ayuda valiosa en esta tarea”… “Contar además de los museos con otras dependencias”… Y muchas cosas más como ésta.

Sobre el libro que hemos conseguido no entramos en juicios de valor. Simplemente exponemos nuestras intenciones al hacerlo. Nuestra paga es la Iglesia, Plasencia y Extremadura a las que estamos aportando muchas cosas sin agradecimiento de ninguna clase. Para un hombre vocacionado con lo que es le resulta suficiente. En el cúlmen de la Catedral está Dios por dentro y un águila por fuera. El águila es de cada uno. Dios es de todos. También nuestro.

Al final sólo me queda agradecer sinceramente a los responsables de este “Plan de Excelencia Turística de Plasencia”, la oportunidad de dar a conocer una de mis más de treinta obras. Espero que no sea la última. Gracias.

*El Rvdo. Lic. D. José Sendín Blázquez es Canónigo de la S. I. Catedral de Santa María de Plasencia, Director del Museo Catedralicio y Encargado de Actividades Artísticas. Es autor, entre otros libros, de: Mitos y leyendas del Camino de Santiago del Sur, Vía de la Plata, Las Hurdes y La Alberca, Leyendas extremeñas, Santos de Leyenda, Leyenda de Santos y el último al que se alude en este artículo: Las Catedrales de Plasencia.


FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA FOLK
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l Festival Internacional de Música Folk de Plasencia se ha consolidado como el referente musical y cultural con más proyección de Extremadura, convirtiéndose en un evento esperado no sólo por los habitantes de la zona y sus visitantes estivales, sino por otros, asiduos a las programaciones musicales que durante el verano tienen lugar en multitud de ciudades.

Prueba de ello son las cifras en cuanto al número de asistentes en las últimas ediciones, llegando a las veinte mil personas durante los tres días de programación, que se dan cita en el marco incomparable de la Plaza Mayor, escuchando, bailando o simplemente disfrutando con el espectáculo de unos músicos sorprendidos y encantados con el éxito de público del que hace gala un festival de tan corta pero intensa vida.

El Festival Internacional de Folk de Plasencia se apoya sobre cuatro pilares que son:
La calidad musical: unos de los objetivos del Festival es promocionar esas nuevas formas de entender la música folk, donde se aúnan la tradición y la innovación, caracterizándose por la investigación musical, donde las nuevas generaciones están haciendo ricas aportaciones.

La convivencia intergeneracional: esta filosofía del Festival facilita la convivencia de personas de diferentes generaciones y diferentes culturas, convierten a Plasencia en la capital de la tolerancia y la diversión.

El apoyo a los músicos noveles y a los músicos extremeños: como punto de partida importante de este pilar está el promocionar a las jóvenes bandas extremeñas para que difunda su actividad, conozcan otras experiencias y sigan creciendo y convirtiéndose en importantes bandas dentro del panorama folk nacional.

La calidad en la producción: siendo este un pilar importante ya que el buen soporte técnico ayuda a la mejor calidad de los intérpretes que se suben al escenario del Festival.

Con todo ello, el producto final es un referente de los Festivales de Música Tradicional de España y de las principales bandas de música folk, por donde han pasado artistas como Carlos Núñez, Kepa Junquera, Gwendal, Capercaille, Cristina Pato, Luar Na Lubre, Acetre, Carmen París, entre otros.

La cita es el último fin de semana de agosto.


EL MUSEO ETNOGRÁFICO TEXTIL “PÉREZ ENCISO”,
ESE DESCONOCIDO
Por Aurora Martín Nájera. Directora del Museo Etnográfico y Textil.
E
l Museo Etnográfico Textil Provincial “Pérez Enciso” de Plasencia, se encuentra ubicado dentro de un edificio histórico, el Hospital Santa María, enclavado en el centro neurálgico de la ciudad, aledaño a la Catedral y muy cercano a la Plaza Mayor, lo que le otorga una posición inmejorable en la vida de la localidad, al tiempo que su dilatada historia como hospital le proporciona una presencia continua y cercana a la ciudadanía. Su existencia como establecimiento benéfico se inicia en el siglo XIV por iniciativa de la familia Monroy, que en el siglo XVI lo traspasó al obispado al no poder hacer frente a las grandes necesidades del centro. Desde entonces y hasta el siglo XIX el hospital alcanza su máximo desarrollo y una merecida fama en la zona. A mediados del siglo XIX pasa a ser patrimonio de la Diputación cacereña y aunque su labor hospitalaria sigue siendo fundamental en la ciudad, va perdiendo importancia hasta que en los años 70 cierra sus puertas.

A principios de los 80 comienza su rehabilitación como Centro Cultural de la mano de la Diputación de Cáceres, actual propietaria y gestora, que decide ubicar entre sus muros el Conservatorio de Música “García Matos”, la Escuela de Bellas Artes “Rodrigo Alemán”, la Escuela de Danza y el Museo Etnográfico Textil.

OBJETIVOS: El Museo Etnográfico pretende por una parte, la conservación de todos aquellos objetos, reflejo de la vida de nuestros antepasados, que van perdiendo su uso y van desapareciendo de nuestras vidas. Su exhibición con criterios museísticos, le convierte en el intermediario entre el fondo antropológico que conserva y el público; vehículo, por tanto, de concienciación ciudadana en cuanto a su patrimonio, sus raíces y sus señas de identidad.

Además tiene la labor de difundir y promover la investigación. Cuenta para ello con un importante fondo no expuesto, pero susceptible de ser utilizado para actividades de difusión e investigación. Por ello, el Museo acepta donaciones, cesiones temporales, depósitos y, en la medida de sus posibilidades adquiere piezas importantes para completar su colección.

Por otra parte, no podemos olvidar la importante tarea pedagógica que corresponde a todo museo no sólo en el sentido de difundir el Patrimonio que conserva, sino también y de forma especial servir de recurso a la educación potenciando el conocimiento entre los más jóvenes de la cultura tradicional de sus antepasados, a través de la visión directa de aquellos objetos que un día utilizaron y hoy se conservan en los museos.

Recientemente, potenciar la presencia de los placentinos y cubrir una deficiencia del museo, como era la falta del servicio de visitas guiadas, fueron los objetivos para la formación de Guías Voluntarios de la Tercera Edad. Hoy el Museo cuenta con 3 Voluntarios que colaboran con nosotros acompañando a los visitantes y facilitándoles una mayor información.

LA COLECCIÓN: El fondo permanente del Museo sobrepasa las 5.000 piezas, de las que el 90 % pertenecen a la colección Pérez Enciso y el resto, sobre todo lo concerniente a completar los procesos y las formas de vida, fue adquirido durante le montaje. En los últimos años el fondo se ha visto incrementado por una serie de donaciones y depósitos, realizados por particulares de Plasencia y su entorno más cercano, actitud ciudadana nueva y claramente encomiable por beneficiar a la colectividad, que desde estas líneas queremos agradecer y propiciar.

La colección Pérez Enciso se compone fundamentalmente de prendas textiles, bien sean de uso agrícola o pastoril (mantas, sacas, alforjas); de uso doméstico (manteles, juegos de cama, toallas); de uso ritual (ajuar de cristianar, de boda, de muerte, etc) o de uso personal e indumentaria tradicional (camisas, enaguas, faltriqueras, sayas, calzones, jubones, zapatos, botas, …). La mayor parte corresponde a la zona norte de la provincia de Cáceres, sirviendo el Tajo de límite natural hacia el sur y sobrepasando hacia el norte y este los límites provinciales, por lo que también cuenta con piezas de Salamanca, Ávila y Toledo.

El textil – y sus procesos: de manufactura de la lana y del lino, de confección de prendas y de decoración de las mismas – y su uso en la vida cotidiana, se constituye como el hilo conductor de la visita al museo, que va mostrando así los usos y costumbres populares. Al tiempo que, a través de las distintas piezas y técnicas empleadas, se refleja la gran variedad y la enorme calidad técnica que el textil y su decoración, alcanzó en nuestra tierra. Por último, la presencia de objetos de zonas cercanas posibilita la comparación y los débitos entre distintas zonas, en otro tiempo similares y hoy separadas por un límite administrativo.

El proyecto museográfico realizado, tomando el textil como punto referencial, procura no caer en el tópico de convertir en obra de arte, objetos utilizados recientemente o todavía usados en algunas zonas. El tipo de montaje pretende ser respetuoso y vivencial, donde las personas de más edad pudieran explicar a los más jóvenes cómo, porqué, cuándo y dónde se hicieron y utilizaron los objetos reunidos. La esencia de todo museo etnográfico consiste en ser una manifestación de una cultura vivida, conjugando en sus objetos los diferentes espacios y tiempos de esa vida. Intentar utilizar su capacidad de evocación para atraer al público, impulsándole a “revivir” sus experiencias a partir de las sugerencias provocadas por los objetos y su distribución en un espacio determinado, fue uno de los principales retos.

EDIFICIO: El Museo ocupa la zona correspondiente a la ampliación que a finales del siglo XVIII realizara el Obispo Laso, y que, con una entrada un tanto marginal, consta de 3 plantas. La primera, la de acceso de materiales en su época, hoy de constituye en el único acceso de visitantes, zona de encuentro y muestra de lo que es la colección. Las otras dos, idénticas en dimensiones y distribución, destinadas a salas de enfermos, hoy se ha convertido en cuatro amplias estancias, de alrededor de 250 metros cuadrados, en las que se distribuye el fondo permanente del Museo. La rehabilitación, respeta los espacios existentes y las magníficas bóvedas de arista de ladrillo visto que cubren sus salas, al tiempo que introducen una serie de elementos innovadores en cuanto a materiales y socialización del espacio museístico.

LA VISITA AL MUSEO:
LA ENTRADA
se presenta como un muestrario donde los objetos, agrupados por materiales, expresan la capacidad de nuestros antepasados de observar su entorno y usar, transformándola, la materia prima para satisfacer sus necesidades básicas. Barro, madera, fibras vegetales, fibras animales y metales se exhiben en este vestíbulo que se completa con las excelentes fotografías, realizadas hace dos años por el fotógrafo cacereño Valentín Javier, de tipos humanos y arquitectura popular cacereña.

ELPRIMER PISO se articula en torno al proceso de manufactura del lino y la lana y la utilización de las piezas resultantes en la vida cotidiana y el traje popular. El proceso textil, se pone de manifiesto en la SALA I, a través de los útiles más representativos –mazas, cardadoras, ruecas, husos, devanaderas, telar-, y su transformación en piezas textiles –mantas, alforjas, costales, tapijos- apropiadas para la tareas agrícolas, ganaderas y domésticas habituales, documentadas por aperos de labranza, pesos y medidas, merenderas, sellos de pan, zahones, vasijas de alfarería y cerámica, cacharros de bronce y cobre. La cama de las vistas, con sus mantas picadas y ricos frontales, junto con arcas, baúles, la alfombra y la cuna de corcho, documentan es espacio doméstico.

LA SALA II, exhibe las distintas piezas de lana o lino que componen la indumentaria típica cacereña, mostrando su vistosidad y variedad. Completos se exponen los trajes de Montehermoso, Cabezabellosa y Torrejoncillo. El resto de la sala nos permite saciar nuestra curiosidad sobre las diversas formas, colores y disposiciones de las múltiples prendas y complementos que forman parte de los trajes típicos femeninos y masculinos.

EL PISO SEGUNDO, se dedica al lino y la seda y la utilización de las prendas en el ajuar casero y religioso. En la SALA III, se muestra el ajuar casero de lino: barberas y chiquinus, toallas, juegos de cama, manteles, colchas y frontales, además de los paños rituales propios de los ritos de bautizo, boda y muerte. La elegancia del conjunto se manifiesta en la variedad y perfección de los motivos y técnicas decorativas -deshilados, bordados y encajes- realizadas en blanco sobre blanco.

LA SALA IV versa sobre el Arte Textil Erudito. Tejidos de seda y encajes de aguja y bolillos en hilo, oro y plata fueron de uso común en ornamentos sagrados, entre los que cabe destacar los fragmentos del Pontifical de Fernando VI, realizados en el siglo XVIII en el taller real de Antonio Gómez de los Ríos.
Piezas señeras de indumentaria civil son la Mantilla de tul granadino de la Rendición de Granada y la Camisa femenina, del entorno cortesano castellano de finales del siglo XV o principios del XVI.


HECHO A MANO
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omo ciudad eminentemente comercial, Plasencia tiene una dilatada tradición artesana, tal como atestigua la normativa del Fuero Fundacional. Los sectores con mayor tradición son la alfarería y el trabajo de cueros y pieles que, constituyeron gremios importantes y cuya huella se conserva en la toponimia de varias calles. También son destacables los trabajos artesanales de la madera (ebanistería, taracea y talla) y la forja artística, palpables en el rico patrimonio de Plasencia. Un considerable grupo de jóvenes artesanos mantiene viva esta tradición y la renueva con aportaciones creativas propias. No menos importante han sido desde siempre los bordados, los encajes de bolillos y la confección de los distintos trajes tradicionales de la zona. Artesanía especialmente desarrollada por mujeres y cuyo mayor exponente patrimonial está recogido en el Museo Etnográfico Textil “Pérez Enciso”.

ESCAPADAS
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a visita a Plasencia no se acaba en sí misma, sino que ofrece la posibilidad, en pocos kilómetros, de conocer algunos de los más bellos paisajes de Extremadura, como el Parque Natural de Monfragüe, reserva de bosque mediterráneo, o de las cinco comarcas serranas que integran el Norte Verde de la provincia de Cáceres. De oeste a este son : Sierra de Gata, Las Hurdes, Valle del Ambroz, Valle del Jerte y la Vera. En conjunto representan un rico y diverso patrimonio cultural, marcado por una fuerte tradición rural, que se manifiesta en todos los órdenes de la vida, desde la arquitectura y la artesanía hasta las fiestas y el folclore, y que es conservado con orgullo. Todas ellas son ideales para la práctica del senderismo y de cualquier otra actividad en contacto con la naturaleza, por ser zonas donde abundan las gargantas de agua cristalinas y los bosques de castaños, robles y pinos. Ofrecen un interesante patrimonio histórico-artístico con magníficas iglesias, conventos, palacios… y algunos núcleos con declaración de “conjunto histórico-artístico”.

PLASENCIA GUÍA TURÍSTICA

CÓMO LLEGAR
D
esde la zona norte de España: Por la carrtera N-630, que en muchos tramos se encuentra actualemente en obras para convertirse en Autovía de la Plata.
Desde el centro de España: Por la Autovía de Extremadura N-V, hasta Navalmoral de la Mata, a la salida tomando la C-511 dirección Plasencia.
Desde el Sur: Por la carretera N-630.

TAPEO POR PLASENCIA
P
lasencia posee uno de los centros históricos más dinámicos de Extremadura, con un área comercial de gran tradición y calidad, que coincide con la zona turística por excelencia: el recinto amurallado, y su máximo exponente, La Plaza Mayor.

Bares, restaurantes, tascas, mesones y tabernas esperan al visitante para deleitarle con suculentas e imaginativas muestra de la gastronomía local, llevada a miniaturización de la presentación, que es en definitiva lo que ofrece la tapa.

Hay bares que rivalizan entre ellos al poner dos tapas con las cañas del mediodía y son una buena elección cuando el hambre aprieta y no se tiene demasiadas ganas o tiempo de sentarse a la mesa de un restaurante.

Por eso recomendamos al viajero que recorra los soportales de la Plaza Mayor y pasee por las calles que de manera radial parten desde allí a cada una de las puertas de la muralla. Le sorprenderá la variedad y calidad de los productos gastronómicos representados en forma de tapas: mollejas, picadillos, lomo encebollado, morcilla extremeña, solomillo “cabreado”, quesos de la tierra. embutidos, rabo de cerdo, magro y jamones; hacen que junto con el aprovechamiento culinario de la caza, y su estrecha relación con el tradicional vino de pitarra, sea una buena solución para conocer la cultura local a través de las delicias gastronómicas de Plasencia y su Tierra.

EN LA MESA
L
a variada gama de productos naturales de calidad de las comarcas del Norte extremeño, con varias denominaciones de origen, aporta la base fundamental de la gastronomía de Plasencia, que se enriquece con una tradición de siglos, transmitida de generación en generación. El mejor escaparate es el mercado de “los martes”, en la Plaza Mayor, donde pueden adquirirse productos de la huerta “recién cortados”, frutas maduras al sol, miel y polen de las Hurdes, pimentón de la Vera, aceite de oliva de Sierra de Gata y Hurdes, jamones y embutidos, ajos de Montehermoso, cerezas del Valle del Jerte, quesos de cabra, setas y espárragos silvestres, truchas del río Jerte vinos de pitarra y aguardientes, dulces tradicionales,… Todo ello hace de Plasencia un centro gastronómico de gran interés, potenciado por la labor formativa de la Escuela Municipal de Cocina y la creatividad de quienes trabajan en los fogones de los muchos restaurantes repartidos por la ciudad.

DÓNDE HOSPEDARSE
Plasencia (Cáceres)

Hotel Alfonso VIII * * *
Hotel Azar * * *
Hotel Los Álamos *
Hotel Alpemar *
Hotel Dora *
Hotel Rincón Extremeño *
Hostal Despensa de Extremadura * *
Hostal Real * *
Hostal La Torre * *
Hostal La Muralla *
Hostal Real (Anexo) *
Pensión Blanco
Camping La Chopera (2ª Cat.)




© Senderos de Extremadura, 1999.
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