Comarca de Montánchez y Tamuja

Fin de semana campero con Pedro Retamar


Preparando el viaje

Pedro llevaba ya varios días confirmando citas para sacar la productividad deseada al viaje.
Desde bastante tiempo atrás se le antojaba Extremadura como destino de inmensas posibilidades por descubrir.
Resultado de su experiencia en el arte de viajar, se encontraba dotado de un sexto sentido para señalar los enclaves privilegiados en el caso de esta inmensa así como diversa región.
Estaba claro: La comarca Sierra de Montánchez y Tamuja “Extremadura desde el Corazón”
La maleta se proponía mitad trabajo mitad diversión, cumpliría con sus deberes laborales visitando a Olegario, gerente del Coto de Santa Marta; también había quedado con Juan Campoamor, dueño de una innovadora fábrica de productos silvestres y aprovecharía para disfrutar de la feria de ganado en Albalá.
Entretenido en esta tarea, prefería no escuchar las incesantes quejas de Ana (¡¡“Tremenda adolescencia”!!) Mientras ponía a cargar la cámara de Pablo que saltaba de un lado a otro recopilando el equipo necesario para tal aventura.
Marta como siempre, de forma serena, atendía a la súplica constante de encontrar todo lo necesario para llevar y que incomprensiblemente no aparecía lo suficientemente cerca.
La emoción del viaje obligó a Pedro, una noche más, a contar un cuento a Pablo y eligió este:
“ Era un inmenso campamento al aire libre.
De las galeras de los magos brotaban lechugas cantoras y ajínes luminosos, y por todas partes había gente ofreciendo sueños en canje. Había quien quería cambiar un sueño de viajes por un sueño de amores, y había quien ofrecía un sueño para reír en trueque por un sueño para llorar un llanto bien gustoso.
Un señor andaba por ahí buscando los pedacitos de su sueño, desbaratado por culpa de alguien que se lo había llevado por delante: el señor iba recogiendo los pedacitos y los pegaba y con ellos hacía un estandarte de colores.
Sobre una torre había una mujer, de túnica blanca, peinándose la cabellera, que le llegaba a los pies. El peine des prendía sueños, con todos sus personajes: Los sueños salían del pelo y se iban al aire.” (El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano).

TIRADA DE PERDICES, SANTA MARTA DE MAGASCA

La llegada a la casa rural fue estupenda y más aún su despertar al día siguiente, inundaba el pasillo hacia el salón un intenso olor a café y canela, esté ultimo provenía de unos maravillosos dulces que aún mantenían el calor del horneo. Tenía la llamada perdida de Olegario se apresuró a contestar para confirmar la cita en su casa.

El viaje hasta esta localidad fue ciertamente interesante, ya que a diferencia de la ruta elegida para llegar a Alcuéscar, prefirió adentrarse en el misterioso entrelazado de carreteras comarcales que se suponía ahorraban tiempo. Nuestro Dios Crono no cobró demasiada importancia ante la posibilidad de disfrutar un paisaje diferente donde la dehesa es el reino habitado por maravillosas y espectaculares damas: las encinas, cada una de ellas con nombre y apellido abalado por el linaje que las presenta soberanas de estas tierras.

Ganas le quedaron a Pedro de parar en Zarza, Ruanes, Salvatierra...

De la Dehesa a la estepa y casi a punto de llamar, creyéndose perdido empiezan las curvas de los Rivero, según las indicaciones ahí debe estar.

Una vez en el pueblo fue fácil encontrar la casa de ladrillo marrón de Olegario, no sin echar un vistazo fugaz al Hotel Rural (recordemos que esta era una visita profesional).
Estaba esperando su hijo, Olegario tenía una tirada de perdices en una finca próxima (“Pascualete”).

El Ojeo, la modalidad de caza menor dónde un número indeterminado de batidores sin armas dirigen las piezas hacia una línea de un máximo de 15 escopetas en puestos fijos previamente establecidos”.

Esto me explicaba Olegario al compás del voceo de los batidores:
¡ Adelantaos, los de la mano derecha!
¡ Quietos, Quietos!
Que las lleva delante
¡¡¡ Ahí van pa adelante, ahí van las perdigochas!!!
¡¡¡ Despacio que se vuelven. !!!

Se desarrolla la tirada en un terreno ondulado dónde el matorral bajo (retama, mata de encina o carrasca, tomillo y cantueso) sirven de refugio a las perdices que han demostrado su valentía manteniéndose agachadas.

Se dirigen otras en improvisado vuelo hacia los puestos, levantadas por doce o catorce batidores que conjugan voces y golpes a las matas, guiados y recogidos por bandera roja.

Me sorprendió gratamente que en vez de la artificial lona, los puestos se presentaran como pantallas naturales (matorral seco) en media luna. Había terminado el segundo ojeo, los dos labradores y el perdiguero que nos habían estado acompañando se dedican de forma terriblemente meticulosa a cobrar las piezas. Llega la hora del aperitivo, la cerveza fresquita desaparece como por arte de magia, dando paso al vino acompañado del buen jamón de la Sierra de Montánchez y queso puro de oveja de Valdefuentes, las tortillas de patatas han sido devoradas por el grupo de italianos (El que pestañea pierde).

En estos momentos aprovechamos para hablar de las condiciones.

Los ojeos se realizan de Octubre a Febrero, los grupos deben ser entre 10 y 15 personas, el precio por perdiz muerta es 30 euros. Este precio incluye además el traslado, comida y el servicio del secretario, no así el del cargador ni la munición. Yo escuchaba atentamente ya habíamos tratado el tema por teléfono, pero una vez conocido el sitio y el modo de trabajar de Olegario me reafirme e la petición de un precio cerrado para todos los servicios que mi viaje de incentivos incluía:
El servicio iba dirigido a Directivos de CIBER S.A. así como a grandes Cliente, casi todos ellos europeos (principalmente nórdicos) así como algunas empresas americanas.
El paquete debe incluir: Traslado desde, hasta el aeropuerto. Alojamiento. Comidas. Ojeo, incluyen do el precio del cargador y el de munición (media). Intérprete.
Me quedé disfrutando de los siguientes ojeos, la animación se iba notando, comprensible, al terminar la jornada alfombrando el campo más de 800 perdices.
Olegario quería enseñarme el Hotel rural de Santa Marta, situado en la plaza frente al Ayuntamiento se ha rehabilitado una antigua casa de labranza que ofrece ocho habitaciones dobles con baño, bar, restaurante, sala de estar.

Estuvimos comiendo de forma relajada degustando los platos típicos en los que han decidido basar su oferta me presentó a Toñi (la cocinera), que desde muchos años atrás ha elaborado y servido la comida tanto a sus grupos como a los invitados de “La Condesa”.
Así, La calidez del sitio y el amable trato de su gente me ayudaron para decidirme por el Hotel como alojamiento y servicio de restauración. Comprobé la tarjeta, antes de despedirme de Olegario: Coto Santa Marta, Cinegética Santa Marta S.L. TIf. y Fax: 34-27-28-40-1 2. http://www.coto santamarta.net

LAS FERIAS GANADERAS

Las ferias ganaderas, desde su más temprana niñez, han producido en Pedro una irresistible atracción, quizás este fue otro de los motivos que le han hecho decidirse por la zona.

En antaño Ferias de gran relevancia (Las de Albalá, Torremocha, Torrequemada y Valdefuentes) y que hoy por hoy se mantienen intactas guardando como un tesoro: La filosofía de ser fiel a un trato.

Llegamos a Albalá y de nuevo me sor prende la diversidad de la comarca, hacia un lado se presenta atractiva por el misterio que guarda la falda de la sierra mientras el otro te ofrece generosa mente la serenidad del llano.

Albalá como su propio nombre indica, está en la vía romana de Mérida a Toledo por Trujillo. Fue muy importante en los tiempos del Uranio, mineral de sus berrocales. Así podemos visitar “La Carretona”, “Pozo Norte”, etc.

Lo más importante a destacar, es su parroquia dedicada a Santa María Magdalena de estilo renacentista (siglo XVI-XVII), que cuenta con dos hermosos retablos barrocos; así como diversos yacimientos de época romana en ‘El Campo”, El Carrascal, Dehesas de Abajo y Pozo del Charcón.

Esta es la breve descripción que dedican las guías a esta hermosa localidad dónde cada una de sus casas guarda los retazos de la más bella tradición ganadera y que las mujeres a lo largo de los siglos han ido tejiendo con colores de la vida: Mantas galleras, alforjas y demás enseres, unos necesarios para las labores del campo y otras para engalanar un caballo que servirá al mozo en su cortejo.

Todo sonaba a Feria esa mañana en Albalá, en la plaza me esperaba Santiago Pérez (Veterinario de la O.V.Z.-V-Cáceres). Mientras nos dirigíamos al lugar dónde se realizaban los tratos él me contaba que la regulación del comercio de los productos agrícolas y ganaderos fue llevada a cabo por primera vez en España, durante el reinado de los Reyes Católicos y continuada posteriormente por los diversos gobernantes.

Mientras mi mirada se posaba atenta en aquel gitano de camisa y pantalón negro rematado en sombrero de ala ancha que sonreía con la boca, dirigía a sus hijos con los ojos y realizaba el trato con un mágico ir y venir de las palmas de sus manos, Santiago amable mente me seguía informando: “Una Orden del Ministerio de Agricultura del año 1975, define a los mercados de ganado, como las concentraciones públicas de ganado vivo con fines comerciales, celebrados en lugares destinados al efecto, en fechas determinadas y con carácter regular se distinguen las “Ferias de los “Mercados”, en que las primeras son aquellas concentraciones que se celebran con una periodicidad superior a un mes”.

De todo se vendía, de todo se trataba y algo seguro volvería a casa, pero era tal y como recordaba aquellas mañanas de sábado con mi abuelo y su amigo Manuel “El Gitano”.

Entramos en el bar que servía a tal efecto de lonja y allí encontramos gente conocida, eso dijo Santiago animándome a sumergirme entre el bullicio de los ganaderos.

Con el primer vino di a conocer mí interés por la feria y a lo largo de tantos otros la conversación se iba animando.

La de Torrequemada es conocida como la feria de Marzo, dicen que se celebra desde el antes de 1800, los días 25, 26, 27 y 28. Los mayores cuentan que los días antes los hombres subían a lo alto de la Atalaya, para ver aparecer por caminos cerros y veredas a los feriantes más conocidos como “merchantes” o “corretajeros”, que llegaban desde las distintas provincias de España, con sus partidas de ganado caballar, mular y asnal, a los cuales los paisanos salían a su encuentro para arrendarles las casas, cuadras, cercados de hierbas. A mediados del mes se recogían las gallinas, ya que llegaban los gitanos con la casa a cuesta: hijos, ganado, colchones, estos se instalaban en “el Lejío”, donde dejaban a la familia y se marchaban a la feria de Arroyo de la Luz que se celebraba los días anteriores.

La feria de Torrequemada llegó a estar considerada como una de las mejores de España en ganado caballar, mular y asnal”.

Toma la palabra tío Dionisio que hasta ahora no se había pronunciado, “Las Ferias como todo han ido desapareciendo, no así el valor del trato que sigue teniendo su peso aunque sea por teléfono móvil o por eso nuevo del ordenador. Yo soy de Torremocha y no apostaba un duro por ver resurgir la feria y la verdad estoy sorprendido Torremocha se enorgullece de tener dos grandes ferias ganaderas, una en mayo y otra en Septiembre, es bastan te mejor la de Mayo (dice mirándome por encima de sus gafas en tono bajo). Primero íbamos al “Ejido de la Charca El Pozuelo”, donde se mantuvo en colaboración de los propietarios de las fincas linderas (aportadas gratuitamente). Ahora tenemos un recinto ferial nuevo en el paraje del Coto y da gusto ver el 22 por la tarde y el 23 día grande de Feria a la cantidad de tratantes que junto con la calidad de vacuno que se vende la han convertido hoy por hoy en una de las mejores de la región”.

Tío Dionisio pidió otro vino y volvió su mirada al periódico eso sí, sin perder oído a la conversación.

Me sorprendió que hasta ahora nadie hubiese hablado de cerdos y por eso pregunté a Santiago: Este esbozo el principio de la contestación pero inmediatamente le salió al quite otro paisano que casi ofendido me relato la suma importancia que hace más de doscientos años tenía la feria de Valdefuentes en este aspecto.


Se celebra en “El Regajo “, el 28 de Agosto, día del Patrón (San Agustín). El ganado porcino, una vez pasadas las rastrojeras acudía a la feria para su venta, a los ganaderos con fincas de arboleda para la montanera y a los particulares para el cebo y matanza.

Era considerada una de las ferias más importantes de al provincia. Mi abuela tiene guardado el traje de la última feria que fue de soltera, era tal la afluencia de público durante los días de celebración que existían tres salones distintos de baile, la gente pudiente se marchaba a la cercana localidad de Torre de Santa María para celebrar sus fiestas. “En este ir y venir de historias, recuerdos y realidades, se seguían haciendo tratos, para todo daba la feria: voces, saludos y apretones de mano se hablaba principalmente de años y kilos así como de fincas y recogidas incluso hubo tiempo de recordar anécdotas de vacas ciegas, de mulas cojas, de dinero de la venta perdido jugando al juego de “los trileros” (juego con garbanzos).

Por supuesto también me contaron la historia del comienzo de la feria de Albalá , con carácter de anécdota me relataron que el mercado en un principio, estaba situado en la localidad limítrofe de Montánchez pero corriendo el 1909 los vecinos del pueblo comenzaron a retener a los tratantes y ganado de paso, en el lugar llamado “El Pozón”, añadiendo la dificultad de acceso a Montánchez se asentó en esta otra localidad , pasando a trasladarse el mercado a un lugar más amplio llamado “Corrida de gallos”. Desde entonces se celebra todos los sábados del año.

Lo más importante de las Ferias ganaderas es que aunque la razón es la venta de ganado, principal actividad de estas tierras, sirvieron para el intercambio social y cultural.

Existía la costumbre de visitarse familias de uno y otro pueblo en las ferias y fiestas conviviendo en la misma casa y cuando la amistad no llegaba a tanto no era raro que el visitante encontrara mesa y mantel, acomodo para sus bestias e innumerables formas de favores mutuos.

La comarca unida por estos lazos se desplazaba a las ferias de cada uno de los pueblos para obtener distintos artículos y afianzar las relaciones que les permitía saludarse por sus apodos o motes (costumbre de la época romana) “Arroyomolinos, lino, Valdefuentes, calabaza, Albalá pan de centeno que de trigo no se halla” (Canción popular).

Más de las seis de la tarde, desde que llegue a esta comarca he perdido el sentido del tiempo, sólo espero que Marta mantenga su buena costumbre de viajar sin reloj.

Queridos lectores otra vez más la falta de espacio y no querer abusar de vuestra incondicionalidad en la lectura de nuestras aventuras me obligan a des pedirme y dejar el entretenido y no menos divertido relato de mi cita con Juan Campoamores (Dueño de la fábrica de productos silvestres) y Manuel Bautista (Gerente de ADISMONTA) para otra ocasión.


 




© Senderos de Extremadura, 1999.
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