senderos de extremadura

Comarca de las Villuercas
Un bosque de cultura

Felipe Sánchez Barba

          

La comarca de Las Villuercas es hoy por hoy una de las grandes desconocidas de Extremadura, a pesar de que existen aspectos y localidades, como Cañamero o Guadalupe, que le dan renombre. En las siguientes líneas intentamos dar a conocer esta importante comarca cacereña y mostrar al viajero o visitante, nuestro bosque de cultura.

Las Villuercas es el nombre de una comarca natural de Extremadura que toma su nombre del Pico Villuercas, que se levanta a 1.601 metros sobre la sierra de Acebadillas. En este lugar confluyen los términos municipales de Guadalupe, Cañamero, Navezuelas y Alía, que unidas a Berzocana, Cabañas del Castillo y Logrosán, forman un total de 7 municipios y 13 entidades de población.

Este territorio se sitúa al sureste de la provincia de Cáceres, limitando al norte con Los Ibores y la Jara, al sur con las Vegas del Guadiana, al este con la provincia de Toledo y al oeste con la pacense comarca de La Siberia. El número de personas que habitan en este espacio es de 10.468, con una extensión superficial de 1.483,3 Km2, lo que supone una densidad de población de 7.06 habitantes/Km2.

LA HISTORIA
La agreste orografía de Las Villuercas, con laderas empinadas, escarpadas cumbres y valles fértiles con gran diversidad de orientaciones, la abundancia de agua y las agradables temperaturas durante todo el año, facilitaron desde antiguo el poblamiento de esta comarca. Durante el Paleolítico no hay restos de asentamientos humanos en la comarca, aunque se han encontrado restos de bifaces en las rañas de alía y Cañamero, por lo que el territorio debió ser recorrido por grupos nómadas. Del Neolítico, hace aproximadamente 4.000 años, se conservan restos de megalitos. Alineaciones de enormes piedras a las que se ha dado una interpretación relacionada con las actividades venatorias. Serían los primeros cazaderos conocidos y nos pondrían en relación con una cultura aún cazadora. Los primeros asentamientos estables de la comarca datan del Calcolítico y el Bronce, hace unos 3.000 años. Existen restos de poblados en Cañamero y en Logrosán y vestigios como la famosa "Estela de Solana", hoy en el Museo Arqueológico Nacional.

De esta época son también los impresionantes conjuntos de pinturas rupestres de tipo esquemático halladas en cuevas y abrigos rocosos de los farallones cuarcíticos que componen las sierras villuerquinas.

Los pueblos celtas habitaron la zona, dejando restos materiales, como por ejemplo los torques de Berzocana, del siglo VIII a. C. o los castros de Cañamero. En Logrosán, histórico lugar minero, también se han encontrado restos de un poblado anterromano en el Cerro de San Cristóbal.

La romanización no parece ser tan profunda como en otras áreas de llanura. Tanto la Sierra de Altamira como la Jara fueron enclaves de subversión contra los romanos, hasta el punto de que durante el enfrentamiento contra la dictadura de Sila del rebelde Sertorio se unieron a éste los Lusitanos que aquí se refugiaban, luchando juntos contra Metello (siglo I a.C.).

Poco sabemos del dominio de los bárbaros sobre el territorio, excepto que en el siglo VI los Suevos lucharon contra los Rucones, tribu que habitaba la zona entre Trujillo y Logrosán. En Berzocana fueron encontrados los cuerpos de San Fulgencio y Santa Florentina, que vivieron en el siglo VII y fueron enterrados allí cuando la invasión árabe, posiblemente para proteger los sepulcros, ya que eran de ilustre familia goda, hermanos de San Isidoro de Sevilla y de San Leandro.

En el siglo VIII los árabes ocuparon la comarca, posiblemente tribus bereberes. Herencia suya son algunos topónimos como alía ("la Alta"), Guadalupe ("el Río del Lobo") y otros. No debieron encontrar resistencia.

Al comenzar la Reconquista de la actual provincia de Cáceres los musulmanes refuerzan la margen izquierda del Tajo y más cuando a partir del siglo XI los cristianos toman algunas plazas al norte de la provincia. Proliferan los castillos defensores de la primera línea al sur del Tajo: Alcántara, Alconétar, Montánchez y Trujillo. En Villuercas destaca la fortaleza de Cabañas del Castillo, primero islámica y luego cristiana, y el de Logrosán, actualmente en estado ruinoso el primero y desaparecido el segundo. La reconquista de esta zona correspondió a Castilla, finalizándose en el siglo XIII y pasando la comarca a la jurisdicción de la Orden de Alcántara.

A partir del siglo XIV se inicia el auge del poblamiento en la comarca, con la construcción del santuario de Guadalupe, mandado construir por Alfonso XI para conmemorar la victoria en la Batalla del Salado (1340). Anteriormente existió culto en este lugar desde 1327, venerándose la imagen de la Virgen encontrada por Gil Cordero, y había sido fundada la Puebla de Santa María de Guadalupe en 1337 bajo la jurisdicción del Monasterio.

En 1389 pasa el Monasterio a la Orden Jerónima donado por Enrique III, quienes lo regentaron hasta la Desamortización de 1835. Los Jerónimos hicieron de él el Monasterio más célebre de la Cristiandad. Durante la Edad Media fue el primer centro mariano de la Península, cuidándose calzadas medievales y puentes para la llegada de los peregrinos. Fue protegido por los reyes, siendo allí enterrados Enrique IV y su madre y recibiendo la visita de los Reyes Católicos en ocho ocasiones. De Guadalupe salieron los cálices para los nuevos templos de la conquista de Granada, ayudando el Monasterio económicamente a Isabel y Fernando en dicha campaña. Tras la reconquista le concedió Isabel nuevos privilegios. Cristóbal Colón visitó aquí a los monarcas para que le fueran facilitadas las carabelas para su empresa y tras el Descubrimiento en 1492 volvió al Monasterio como romero en acción de gracias, bautizando con el nombre de Guadalupe a una de las islas de las Pequeñas Antillas. Otros visitantes célebres fueron: Cervantes, Juan de Austria, Gonzalo Fernández de Córdoba (El Gran Capitán), Felipe II, Felipe III, Hernán Cortés, Francisco de Pizarro, etc.

Guadalupe alcanzó su máximo esplendor durante los siglos XIV al XVII, decayendo luego su prestigio en parte por la construcción del Monasterio de El Escorial, que por su proximidad a la corte hizo desplazarse su tradición real como lugar de recreo.

En 1908 se hace cargo de él la Orden Franciscana, que lo restaura tras los destrozos ocasionados por la Invasión Francesa y setenta y tres años de saqueo y abandono.
En el resto de la comarca no son tan abundantes los monumentos de interés, pero es digno de mención Logrosán, núcleo minero hoy ya en decadencia, pero que vivió momentos de auge, como puede apreciarse en la magnificencia de algunas de sus casas solariegas del XV y XVI. En ello también influyó, por supuesto, el oro de América. Por ejemplo era de Logrosán el arcediano de Tucumán, en el siglo XVI. Entre sus monumentos destacan la Iglesia de San Mateo (siglos XIII a XIV) y la ermita de Nuestra Señora del Consuelo, aparte de los abundantes restos arqueológicos que se encuentran en el Cerro de San Cristóbal.

La comarca ha tenido una dedicación ganadera tradicional. En la Edad Media las cañadas y los pastos de los ganaderos trashumantes fueron protegidos por la Mesta. Esta dedicación al pastoreo ha influido en el paisaje, estando algunas sierras ocupadas por densos jarales como vegetación degradada por el sobrepastoreo y la eliminación del bosque y matorral para extender los pastos. A esta degradación contribuyó más tarde el carboneo. Uno de los grandes propietarios de cabañas ganaderas fue el Monasterio de Guadalupe, que superó las 30.000 cabezas de ganado.

En el siglo XIX se acentuó el latifundismo con la Desamortización. Los problemas sociales y económicos se agravaron. Quedó la zona cada vez menos poblada, aislada, sin industria, sin comercio y sin apenas tránsito. El único núcleo con vierta vitalidad fue Guadalupe por la atracción turística de su Monasterio y puebla Pero en los años sesenta de nuestro siglo ningún municipio de la comarca se vio libre del fortísimo proceso migratorio que afectó a las zonas rurales de nuestro país.
La oferta que esta pequeña comarca ofrece al viajero es amplia, diversa y permanente, existiendo un gran número de establecimientos de alojamientos y restauración, así como alguna empresa de actividades, que unidas a la riqueza cultural, natural y paisajística, hacen de Las Villuercas un destino muy particular. Para poder narrar en pocas palabras los atractivos y recursos que ofrece esta tierra lo haremos pueblo a pueblo.

ALÍA
Comenzando por alía, la localidad más al este, hemos de centrarnos en la caza como la actividad turística, considera como tal, por excelencia, puesto que en el término municipal de alía se sitúan un gran número de terrenos cinegéticos. Es por ello que desde mediados de octubre a mediados de febrero se organicen un gran número de actividades cinegéticas de caza mayor. Además de la caza, el visitante podrá disfrutar del contacto con la naturaleza en el Valle del Guadarranque, importante espacio natural, donde es posible encontrarse, cara a cara, con especies salvajes y disfrutar de un paisaje único.
La artesanía de telares árabes, de enea o del trabajo de la madera se conservan aún vivas para el deleite de los que se acercan a este lugar, cuya patrona Santa Catalina vela por sus gentes desde el interior de una pequeña pero coqueta iglesia gótico-mudéjar. A este monumento acompañan otros de menor importancia artística pero de alto arraigo popular como son el Castillo de Sta. Catalina, la Ermita de San Isidro, la Ermita de la Concepción, el Puente Romano y el Castrejón.
Además de esto, alía conserva un rico folclore popular, así como tradicionales recetas de respostería, que junto a suculentos platos de caza, embutidos típicos de la matanza casera y el aceite de la Cooperativa local, conforman una oferta culinaria aceptable.
La oferta turística de alía se completa con una casa rural con actividades en plena campiña y un hotel-restaurante, además de otros bares y restaurantes

BERZOCANA
De alía nos dirigimos a Berzocana, localidad que se levanta a 728 m. de altitud, donde las huellas del hombre se pueden observar en las pinturas rupestres, los castros celtas, necrópolis romanas y tumbas medievales. Su historia está presidida por los santos Fulgencio y Florentina, patronos de la villa.
Visitar Berzocana es recorrer las más diversas rutas, diseñadas por los vecinos, en las que se conjugan historia y naturaleza, destacándose la de "Las Reliquias", la del "Roble" y la de "Las Pinturas", entre otras. Además de estas, es posible visitar el museo local donde se encuentran piezas de origen celta y romanas, y cómo no la joya arquitectónica de la localidad, La Iglesia Parroquial de San Juan Bautista (S. XIV-XVI), templo gótico de gran valor. Junto a esta obra se encuentra la ermita de La Concepción en cuyo interior se encuentra un magnífico retablo barroco.
La cultura popular y las tradiciones también se mantienen en gran parte intactas: La Lumbrinaria (18 de marzo), "La Verea" en la Pascua, "La Junta" (1 de noviembre), "La Romería de San Isidro" y sobre todo "El Ramo", celebrado en honor a los santos patronos, nueve días antes de la fiesta mayor, donde se canta una canción que habla de la historia de los santos, y que uno de los berzocaniegos más conocidos, Luis Pastor, grabó en uno de sus últimos discos.
Respecto al alojamiento, Berzocana cuenta con un albergue municipal y un hotel rural con restaurante.

CABAÑAS DEL CASTILLO
La localidad más pequeña de Las Villuercas, Cabañas del Castillo, se compone de cuatro entidades de población (Roturas, Solana, Retamosa y Cabañas), siendo una de las menos conocidas, pero no por ello, con menos posibilidades turísticas.

Además del paisaje y naturaleza que alcanzan en estas latitudes sus más bellas estampas, en Cabañas es posible visitar los restos de la típica arquitectura popular serrana, las iglesias de la Virgen de la Peña en Cabañas, la de San Sebastián en Retamosa, la de San Miguel en Solana o la de San Bernardino en Roturas.

El queso de cabra y la miel, además de productos cárnicos, derivados del cerdo, cabrito y cordero, son los platos fuertes de la mesa.
Dos casas rurales, una en Cabañas del Castillo y otra especializada en agroturismo conforman la escasa oferta de alojamientos.

CAÑAMERO
Continuando con nuestro pequeño recorrido le corresponde ahora el turno a Cañamero, centro geográfico de la comarca, afamado por sus caldos procedentes de las viñas de los "lotes", escondidas entre las sierras y con un alto valor en grados.
En Cañamero es posible visitar las pinturas rupestres que se cobijan en las sierras de cuarcita, recorrer sus senderos (el más conocido es el de Isabel La Católica que une esta localidad con Guadalupe), practicar la pesca y las actividades náuticas en el pantano del Cancho del Fresno, así como participar en algunas de las monterías que se organizan en la temporada de caza mayor. En la población destaca la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán (Destaca su torre, cuadrada en la base y acabada en remate octogonal) y las ermitas de Belén y Santa Ana.

Cañamero es un pueblo rico en fiestas y tradiciones, siendo las más importantes la siguientes:
- Febrero: Carnavales. Durante el fin de semana se celebran desfiles y concursos. El Miércoles de Ceniza, el entierro de la sardina con sardinada popular.

- 18 Marzo: Lumbrinarias. Cada barrio enciende una hoguera alrededor de la cual se reúnen para comer, cantar, bailar y beber.

- Abril: Semana Santa. El Domingo el pueblo sube al Castillo y el Lunes siguiente se celebra en los alrededores de la Ermita, la Romería de Belén.

- 4 Agosto: Fiestas Patronales. En honor a Sto. Domingo de Guzmán. Se celebran verbenas y el pueblo se llena de gentes de todos los lugares.

La oferta de alojamientos y restauración es aceptable, existiendo un hotel y dos casas rurales, además de un albergue municipal y varios restaurantes.

GUADALUPE
Si existe en Las Villuercas un lugar turístico por excelencia, ese hito es Guadalupe, exponente de cultura e historia extremeña, y referencia obligada de los historiadores y de las raíces de Extremadura. Guadalupe ofrece por tanto un amplio abanico de posibilidades gastronómicas, artísticas y culturales, que relatamos a continuación.

REAL MONASTERIO Y SANTUARIO DE STA. Mª DE GUADALUPE: Conjunto arquitectónico que consta de: Templo Gótico (s.XIV y XV), claustros mudéjar (uno mudéjar del s.XIV y XV; otro más mudéjar s. XV y un tercero gótico s. XVI); varias capillas como la de Sta. Ana (s. XV), Nave de Sta. Paula (s. XIV), Sta. Catalina (s. XV), San Gregorio (s. XV), Relicario o Capilla de San José (s. XVI), Camarín (s. XVII), Sta. Cecilia (s. XV) y San Martín (s. XIV-XV), Pabellón del Capítulo y Antigua Librería (s. XV), templetes de los siglos XIV y XV; además de Iglesia de la Santísima Trinidad, ahora utilizada como auditorio, del siglo XVIII, tres Museos, de libros cantorales y miniados, bordados, pinturas y esculturas y, finalmente, la Sacristía, donde se encuentran los mejores cuadros de Zurbarán
El Monasterio es lugar de peregrinación y espiritualidad mariana. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico y coronado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. En la actualidad, una de sus alas da cabida a la Hospedería del Real Monasterio, completando de esta forma la oferta hotelera y turística de la comarca.

CASCO VIEJO DE LA PUEBLA: Declarada Monumento Histórico-Artístico. Conserva algunos rincones típicos y muestras de su arquitectura popular. Desde la Plaza Mayor (Plaza de Sta. Mª) e incluso desde la cercana Plaza de los Tres Chorros, los típicos soportales dan paso a fachadas sin apoyo. Existen además innumerables fuentes dispersas por toda la puebla La tipología de este lugar está muy vinculada al Monasterio puesto que, en la antigüedad, era el asentamiento de artesanos y canteros que trabajaban en el propio Monasterio.

COLEGIO DE INFANTES O DE GRAMÁTICA: Ubicado en el actual Parador de Turismo, destaca el patio conocido como de Los Naranjos rodeado por un claustro mudéjar en el que se observan arcos de medio punto encuadrados en alfiz en la planta baja y abriéndose más en la parte alta.

ERMITA DEL HUMILLADERO: Situado en la carretera de Guadalupe con Navalmoral de La Mata (CC-713), a unos cinco kilómetros de la Villa. Se trata de un templete mudéjar del s. XV, de planta cuadrada en ladrillo visto. En el interior hallamos una bóveda de crucería en ladrillo bajo una cubierta en teja árabe en forma de pirámide.
PALACIO O GRANJA DE MIRABEL: Monumento histórico-artístico. Se trataba del lugar de descanso de los Reyes Católicos en sus visitas a la localidad. Consta el edificio de un patio grande desde el cual se tiene acceso a las habitaciones, una capilla rectangular consagrada a la Magdalena y que posee un artesonado mudéjar con importantes pinturas murales. La oferta de alojamientos y restauración es amplia, destacándose como novedades recientes la incorporación de tres casas rurales, financiadas por el programa PRODER.

NAVEZUELAS
Es la localidad serrana por excelencia, situándose por encima de los 900 metros de altitud en una ladera próxima al río Almonte, siendo su actividad principal la agricultura y ganadería.
Se conservan tradiciones como "Las Luminarias", los "Añojos" (sorteo de solteros y solteras la noche de fin de año), la romería de San Cristóbal, además de oficios como la guarnicionería y el trabajo del corcho.
La elaboración de miel y exquisitos quesos de cabra son el plato fuerte de la gastronomía, a los que acompañan otros platos como el cabrito asado, las sopas de cachuela, las migas, las roscas de melindres, las perrunillas y los pestiños, entre otros.
En Navezuelas el amante de la naturaleza encontrará caminos en los que todavía la aventura es posible. Los ríos Almontes, Viejas y Santa Lucía serpentean entre sus espesos valles y cascadas. Los bosques de alisos, robles y castaños se alternan con pedrizas y las crestas cuarcíticas de sus montañas.
La oferta de alojamiento y restauración, aunque escasa, existe, y la conforma un hostal-restaurante, además de una colonia juvenil.

LOGROSAN
El término se caracteriza por las extensiones de sus dehesas, kilómetros de tierra prácticamente llana bien arropada por el suave manto de la encina. La actividad principal es la ganadería, destacando la vaca retinta y el cerdo ibérico, ya, que cuentan con su ecosistema natural, imprescindible para su desarrollo.

Logrosán destaca por el enorme batolito granítico en el que se sitúa. Representa el prototipo de transición entre los pueblos serranos y sus inmediatos vecinos de las tierras bajas. Es la población más metropolitana de la comarca. Aquí se sitúan la mayor parte de las oficinas de las distintas Administraciones Públicas del Estado que junto con un importante sector agroindustrial y comercial la convierte en un centro de referencia en las Villuercas.

Entre sus lugares de visita destacan:

IGLESIA PARROQUIAL DE SAN MATEO: Joya del gótico rural, su capilla mayor emula en altura y pretensiones a las catedrales góticas de Plasencia o Coria con bóvedas de nervaduras de un gótico tardío que sorprende por su majestuosidad. De aspecto catedralicio por sus dimensiones. Su campanario está coronado de cigüeñas.

ERMITA DE LA VIRGEN DEL CONSUELO: Lugar muy venerado por los lugareños donde destacan sus cupulinas rematadas con curiosas linternas. En ellas se venera la imagen de la Virgen del Consuelo, patrona de la villa. El lugar, en la cima de un cerro, ofrece al visitante magníficas vistas de su dehesa boyal y desde donde se pueden contar más de treinta mil encinas, cuya vista se pierde en la vecina provincia de Badajoz.

PARQUE DEL ALCORNOCAL:
Situado en la entrada oeste del pueblo, se trata de un pequeño bosque de alcornoques centenarios de varias decenas de metros de altura, como se puede observar en la foto inferior. En los años 70 fue convertido en el principal parque municipal de la localidad. Hoy alberga instalaciones deportivas, piscinas, parque infantil y la Casa de la Cultura. Durante el verano es un lugar muy visitado.

CERRO DE SAN CRISTÓBAL: es la cuna de la villa. Allí habitaron los primeros logrosanos hace miles de años. Hay muchos vestigios del paso de diversas culturas por el cerro, pero están sin excavar, sin catalogar, sin investigar.

Si hablamos de fiestas, el calendario es el siguiente:

Fiestas Patronales: de la Virgen del Consuelo, patrona de la localidad. En estas fiestas destacan la suelta de vaquillas en la plaza del pueblo, tradición recuperada de antaño, cuando se improvisaba una plaza popular con carros de madera. Hoy la fiesta se ve empobrecida por el estorbo que supone el mal llamado
"jardín de la plaza", que la hace perder parte del lucimiento y la popularidad de antes al reducir, de plaza abierta y espaciosa a apenas una calle, el espacio de carrera de mozos y animales.

El Lunes de Pascua: También destacan por su tradición centenaria La Jira, quizá la segunda fiesta en popularidad. Un día de campo para compartir con amigos, familia y paisanos. En la dehesa boyal se celebra con vino de Cañamero, chuletas a la brasa, tortillas de patata o más recientemente, paella y se disputa cada año el campeonato internacional de lanzamiento de troncos de encina. Un día para disfrutar en la sin igual dehesa extremeña.. El primer domingo de mayo se puede repetir.

En la víspera de Sta. Lucía (en Diciembre). Las Luminarias. Una tradición que pierde fuerza, y que la autoridad local debería fomentar. Fuegos por barrios, donde los vecinos comparten entre ellos y con los visitantes, bebidas y viandas.

Carnaval: Con concursos de disfraces y carrozas.

En Septiembre: San mateo Fiesta de honda raigambre que se ha perdido hoy. Celebra el patrón del pueblo, que no es poco. Intentos de recuperarla se hicieron en los años 70.

Ferias de Junio: también fueron rescatadas efímeramente en los 70. Perdidas durante los 80 y buena parte de los noventa, se reinventan a finales de los 90 con pretensiones de convertirla en una especie de Feria de Muestras comarcal.

La oferta de Logrosán, al igual que la de otros municipios de la comarca, es escasa, pero existen una casa rural, un hostal y varios restaurantes.

© Senderos de Extremadura,1999.
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