senderos de extremadura
LOS GOLFINES DE ABAJO O DEL CÁCERES ILUSTRE

José Raimundo García Arroyo
Mª José García Berzosa
Patricia Edwards Rokowski


[Establecimientos de Cáceres en ALEX]

    Cuando un turista accidental camina por las calles de la ciudad monumental no deja de sorprenderse del estado de conservación, la sobriedad y la belleza de unos palacios que desafían el paso del tiempo. Se sorprende, se detiene y admira la belleza de unas piedras centenarias rebosantes de historia. El turista accidental, visitante espontáneo, no presiente una ciudad como la nuestra, y al volver a su tierra, repite a quien interese: Cáceres, qué bonita!. Cáceres qué sorpresa!.

    Cuando un turista intencional disfruta de las calles del Cáceres antiguo, reconoce también las aventuras, hazañas, pendencias y afrentas durante cientos de años empapadas en los muros y cada piedra de nuestra ciudad. Admira la belleza de las calles y casas solariegas, magníficamente conservadas a través del tiempo. Un turista intencional reconoce la importancia de los hechos históricos, así como de la presencia de personajes que forjaron el carácter y la realidad de una villa como a de Cáceres.

Cuando el turista y el que no es turista se detiene ante el Palacio de los Golfines de Abajo, disfruta de la belleza ornamental de la fachada. La cara principal del palacio es una meritoria mezcla de estilos medieval y plateresco que acompañan a dos torres, una en ángulo con matacán y otra en el centro que aportan a la casa una imagen diferente. La crestería que corona el palacio es de duro granito local, piedra berroqueña, mostrando filigranas que representan animales mitológicos (flámeros e índigos) entre florones, dragones alados y afrontados que en nada envidian al palacio de Monterrey en Salamanca, de donde probablemente se inspiró el cantero o el propio Sancho de Paredes Golfín, camarero de la Reina Isabel la Católica, dueño y señor del palacio en el momento de la construcción de la filigrana.

La ventana bilobulada, las amplias dovelas y el alfiz que enmarcan la entrada, el escudo y las inscripciones completan una fachada que si bien no es un ejemplo de belleza arquitectónica destacable, si resalta frente a un conjunto arquitectónico caracterizado por la sobriedad y la sencillez.

Es una característica común en cada uno de los palacios del Cáceres Monumental, la ausencia de ornamentos variados que decoren las fachadas. La tendencia generalizada en aquellos años no eran palacios ricos en filigranas sino la construcción de casas fuertes que protegieran de ataques furibundos y saqueos, de enfrentamientos o trilfucas territoriales que pusieran en peligro la integridad de la familia. A destacar en los palacios de Cáceres, los escudos familiares siempre presentes y desafiantes sobre el arco de medio punto que daba entrada a la casa. El escudo adquiría un tamaño desproporcionado con respecto a la fachada retando a la gravedad y mostrando orgullosos el apellido y las armas de la familia: la Casa de los Solís, de los Carvajal, de Mayoralgo, etc.

      Imagínese el turista y el que no lo es ante la fachada principal del Palacio de los Golfines de abajo Admire los detalles, disfrute del juego de luz y sombra en los muros, saboree cada recodo de la fachada, deténgase en cada piedra e imagine los años de historia y de historias que han pasado bajo el dintel de esa puerta.

      Si el arte es belleza y la historia realidad, combinar la admiración de la arquitectura y recordar las vivencias de sus habitantes se convierte en un ejercicio saludable de recreo y distracción.

Imagínese, ahora, en una tarde cualquiera de otoño en el año, por ejemplo, de 1.240... El sol luce con timidez e ilumina una ciudad medieval formada por casas solariegas en cuyo interior los moradores andan de pendencias por unos asuntos de robo de ganado. La gentes de este lugar reunidas en uno de los palacios, buscan la manera de solventar el escarceo y saqueo de unos malandrines extranjeros que insisten en alterar el orden y el beneficio de unos pastores que tienen en la oveja merina su riqueza y bastión. Uno de los hombres principales y alcalde de la villa toma la palabra en la reunión y ofrece la solución de organizarse en grupos para perseguir a los salteadores y poner fin a tanto desmán. Su nombre es Gómez Tello.

      Mientras tanto, en una esquina oscura y salvaguardado de miradas acusadoras, encontramos apostado y escondido a uno de los jefes de los salteadores que escucha con avidez los planes de la ciudadanía. Mientras espía y se esconde, recorre lentamente con la mirada el recinto, fija sus ojos azules, perspicaces como los de un ave rapaz, y lentamente memoriza los rasgos de cada asistente. En determinado momento, observa la figura delgada de una hermosa doncella sentada junto al orador, ataviada con ropas de dama adinerada, de ojos grandes y expresivos, rasgos finos y decididos. Su pelo, negro y brillante, reluce bajo las llamas de la chimenea atrayendo la mirada del intruso como si fuera víctima de un sortilegio. El nombre de la joven dama es María Gómez de Vello, hija del alcalde. El salteador de caminos, castillos, villas y ganados, Alfón Pérez Golfín, acaba de enamorarse para siempre.

Si bien la leyenda no refiere como se conocieron María y Alfón, nos ha parecido que relatar el supuesto encuentro de esta manera no distaría mucho de la realidad, dado los antecedentes de una y otro.

Los estudiosos e investigadores enfrascados en el origen de los Colimes, aportan teorías muy variadas que no pasaremos a desglosar por no ser ese el propósito del artículo, sino el de ensalzar la gloria de una familia centenaria marcada por el devenir de la historia y protagonistas ellos mismos de hechos relevantes para nuestra ciudad e incluso nuestro país.

La leyenda sobre el enamoramiento de D.Alfón Pérez Golfín y de Dª María Gómez Tello relata el origen del asentamiento de la familia de los Golfines en Cáceres y el origen del propio palacio que fue edificado sobre el antiguo hogar de los Gómez Tello. Sin embargo, los Golfines ya habían recorrido un largo camino por España bajo el reinado de Alfonso VIII de Castilla.

El rey Alfonso VIII de Castilla, secundado por los reyes de Navarra y Aragón proclamó en la primavera del año 1.212 una cruzada contra los moros. Ante esta llamada a la lucha contra el infiel se sumaron muchos cruzados procedentes de Centro Europa y combatieron juntos españoles y europeos, en las Navas de Tolosa. Algunas crónicas hablan de hasta de 62.000 extranjeros, cifra probablemente distanciada de la realidad pero que refleja que fueron muchos los que colaboraron en a lucha contra el sarraceno.

      Al acabar las afrentas, algunos de los cruzados regresaron a su país, pero otros, sin embargo, permanecieron en terreno español asentándose muchos de ellos en el norte de la provincia de Cáceres. El asentamiento distó mucho de ser pacífico. Por el contrario, aquellos valientes cruzados se tornaron en pendencieros que dedicaban su tiempo y esfuerzo en saltear caminos y robar ganado, principalmente ovejas merinas, el petróleo de la época, acumulando riquezas y terrenos sin control. La actividad delictiva de aquellos maleantes tenía su centro en Jaraicejo, en el castillo de la Jara, desde donde dominaban ros contornos y los territorios a asaltar. Uno de los cabecillas de tamañas fechorías era el mencionado Alfón Pérez Golfín, de ahí la denominación de estos maleantes como golfines, identificándose, a la postre, la palabra golfín con ladrón de ganados.

Sobre la procedencia de los Golfines, también encontramos opiniones opuestas. Unos apoyan la procedencia de Centro Europa, otros que son de origen catalán o gallego o de la misma Castilla o del Alburquerque de Luis Landero, incluso de Italia y, los menos, de Alemania. El apellido Golfín podría, etimológicamente, proceder de la palabra Wolf de raíz alto-alemana, procedente asimismo de Wulf, significando en el antiguo sajón, lobo. Con ello, se establece una relación entre el significado de golfín como maleante, ladrón de ganado y saqueador y también despierta las confusiones en torno al tronco original de la familia.

      Sin embargo no existe la seguridad completa de que la familia a la que denominamos Golfín se llamara así desde el principio. Sobre este asunto, existen varias fuentes que reconocen a la misma familia con diferente denominación: Holguín, Golguin, o Golfín, todos son distintas formas para denominar a una misma familia. Probablemente, el apellido original fuera Holguín, desviándose fonéticamente hacia Golfín, pasando previamente por la deformación de Golguín y Golhin.

      Lo que se asume de forma casi unánime es el reconocimiento del primer Golfín cacereño en D. Alfón Pérez Golfín, capitán de bandoleros y, recordemos, perdidamente enamorado de la hija del Alcalde.

Imagínese el turista y el no turista la postura de D. Gómez Tello ante las proposiciones matrimoniales del Golfín.

D. Gómez Tello, Alcalde de Cáceres y uno de los doce Hombres Buenos que formaban el concejo de la villa, era persona sensata y querida que no estaba dispuesto a que su hija llevara una vida de pendencias y carencias de la mano de un enemigo declarado del orden. El edil principal, respetado por los ciudadanos, asume los requerimientos matrimoniales del enamorado pero le impone severas condiciones que debe cumplir antes de formar parte de la familia.

Las condiciones, obviamente, pasaban por las reformas de sus tendencias pendencieras, por el reconocimiento de la autoridad y, por supuesto, de la consecución del respeto de la nobleza, el rey y el pueblo mismo, puesto que riqueza y propiedades ya apodaba en gran medida, ¿Cómo habría de conseguirlo?. A buen seguro, la esperanza del bondadoso padre era que el Golfín principal no lograría cumplir los objetivos, alejando de su hija tan grande amenaza. Pero el amor del Golfín era tan elevado que en unos años no solo se granjeó el respeto de nobles caballeros y el pueblo llano, sino que el mismo rey, Alfonso X, le reconoció como un luchador valeroso y entregado. Su recompensa fueron títulos y bienes que acompañaron al feliz pretendiente en su vuelta a Cáceres dispuesto a entregarse a su querida María. Se desposaron, por fin, los enamorados y tuvieron tres hijos, continuando la recién establecida estirpe de los Golfines en Cáceres.

      La vida y vivencia de esta familia a lo largo del tiempo es muestra de pasiones, sueños, alegrías, aventuras y penurias dignas de ser cantadas por juglares.

Un personaje digno de mención es D. Sancho de Paredes Golfín Ocupante del palacio un siglo y medio después. Con este personaje los Golfines de Cáceres alcanzan un gran apogeo político y económico debido a su relación con los Reyes Católicos, que se alojaron en este palacio en alguna ocasión. Sancho, Camarero de la Reina Católica y uno de los firmantes de su testamento, casó con Dª Isabel Coello y poblaron el palacio de los Golfines de abajo con una prole de once hijos varones y siete hembras.

Imagínese el turista en aquellos años de conquistas y reconquistas la entrada y salida de pequeños Golfines por la puerta del palacio, jugueteando entre las faldas de Dª Isabel la Católica o la corona de D. Fernando.

       D. Sancho de Paredes Golfín, tal y como mencionamos lineas atrás, fue posiblemente el personaje que más interés demostró en adornar la fachada de su morada con la reputada crestería e inscripciones de las que hablaremos posteriormente.

      En el siglo XVI la familia de los Golflnes se divide en dos. La rama leonesa cargada y armada con los genes del primer Golfín, con aires combativos y de conquista se asienta en la parte alta de la ciudad, junto a la iglesia de San Mateo, e inauguran una nueva rama de nuestra familia: los Golflnes de Arriba.

      Los Golfines de abajo, provistos de la carga genética de María Gómez Tello, de carácter más apacible y recatado, castellanos y centrados, permanecen en la parte baja de la ciudad. Representantes de ambas tendencias son: García Holguín (o Golfín) en la rama leonesa y D. Pedro Cayetano Golfín y Colón en la castellana.

      Estos dos personajes históricos, dignos caballeros de Cáceres, magnifican nuestros palacios aportando hechos y aventuras que conforman la misma historia de España.

Imagínese el turista a García Holguín, jovencito inquieto y osado que se sueña, sentado bajo el dintel del palacio, acometiendo mil aventuras junto a su admirado Hernán Cortés. O bien, por qué no, el mismo Cortés deambulara por estas calles y se encontrara con el joven Golfín, jugando a pendencias con un primo hermano de la zona baja de la ciudad y le animara a seguir su estela. Se enrola, pues, en la aventura de la conquista, sumándose a las tropas de Hernán Cortés en Méjico.

Nombrado capitán de navío por Cortés, se hace cargo de uno de los trece bergantines que rodean la laguna de Méjico el l3 de agosto de 1.521. El ataque final al reino de Cuatemoc, heredero de Moctezuma, llega a su fin. Sin embargo, el capitán García Holguín observa unas canoas ricamente ataviadas que huyen sigilosamente. Con valentia da la vuelta al bergantín y acomete la persecución de las canoas. Con riesgo de su propia vida y saltando sobre la piragua les da caza y apresa al rey de los aztecas que guía ante el vuelco de la batalla.

Este personaje continúa sus hazañas en el Nuevo Mundo, partiendo con Pedro de Alvarado a la conquista de Guatemala. Una vez finalizada la empresa de Guatemala se sumé a las tropas de Pizarro y marchó a Perú, asentándose, tiempo después tras muchos años de lucha en la ciudad peruana de Trujillo.

      El segundo personaje seleccionado, D. Pedro Cayetano Golfín, representante de la rama castellana y menos belicosa, vive en el siglo XVIII en el palacio de los Golfines de abajo con sus familia. La ciudad de Cáceres está amenazada por las tropas francesas de Soult, Víctor, Lapisse, Regnier, Girard y Foy sucesivamente. De todos es reconocido el saqueo y destrucción que los franceses brindaron a España durante los tristes años de la invasión. Pero este ilustre personaje histórico se encargó de librar a nuestra villa de un terrible destrozo procurándonos hoy disfrutar de los palacios y casas solariegas magníficamente conservadas.

      Imagínese el turista a unos habitantes asustados ante la cercanía de los franceses, corriendo por Las calles empedradas llamando a las puertas de los principales buscando refugio y ayuda. D. Pedro Cayetano, inteligente y profundamente leal a su ciudad, idea la manera de salvar la situación. El y su fiel Álvaro Gómez Becerra, corregidor de la villa, salen a recibir y cumplimentar a los generales franceses antes de que decidan invadir y destruir la ciudad. Les agasajan con manjares y vinos en el Palacio de los Golfines de abajo, les alojan en las mejores estancias y les propician las mejores viandas para ellos y su tropa a condición de que respeten la ciudad. Tal era el empeño y la buena disposición a ofrecer su propia riqueza que los generales franceses no solo aceptaron el trato, sino que algunos de ellos se convirtieron en amigos del Golfín y visitantes asiduos y pacíficos del palacio.

      D. Pedro, o Marqués de Santa Marta, era un hombre de grandes hechos y de enorme riqueza (Carlos IV le llamaba el Ricohombre de Extremadura) que dedicó los años de luchas a salvaguardar la ciudad a costa de su patrimonio, que si bien vio diezmado con los años, también fue recompensado con la estima de los cacerenos.

      La vida de este hombre, sin embargo, se empaña al no tener un varón que heredara el Palacio de los Golfines de abajo ni el resto de su patrimonio. Cuatro hijas tuvo con Dª Maria de la Asunción de la Casas y Mendoza, y todas con un defecto congénito que impedía llevar a buen fin el alumbramiento de nuevos vástagos. Tres de las hijas murieron en el Palacio en el momento de dar a luz. La tercera de las hijas, Dª Petra, embarazada de siete meses fue trasladada a Madrid para un cuidado mejor. La fatalidad, sin embargo, hizo que Dª Petra falleciera pero no la niña que alumbró, que siguió con la estirpe de la familia.

Imagínese el turista los sentimientos del pro-hombre que lucha por la continuidad de la ciudad y ve como la de su propia familia se tambalea una vez tras otra. Imagínese el turista a D. Pedro Cayetano asomado a la ventana bilobulada del Palacio de los Golfines de abajo clamando justicia divina ante la muerte de su cuarta hija.

La fachada a la que tantos y tantos Golfines, turistas y viandantes se han asomado presenta dos inscripciones talladas en piedra que, junto con una tercera en la parte interior del edificio, conforman la filosofía de la vida de esta familia ilustre y caracteriza, además, la propia actitud de una ciudad plena de experiencias, pasado e historia.

      Rodeada y sostenida por dos ángeles denantes, encontramos una primera inscripción que reza FER DE FER. La inscripción representa la lealtad de los Golfines a la autoridad real y constituyente, decidida por D. Sancho de Paredes en homenaje al rey Fernando y ubicada en la fachada principal homenajea al monarca del mismo modo que manifiesta su fuerte lealtad al rey, su señor.

      La segunda inscripción, rodeada por lambrequines o adornos florales, encontramos ESTA ES LA CASA DE LOS GOLFINES, labrada en piedra y desafiando la altura muestra a todo el que observe el palacio el orgullo de una estirpe que se reafirma en su condición de familia noble y respetada. La tercera, en el interior del palacio reza: AQUI ESPERAN LOS GOLFINES LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS, inscripción que acompaña todos los sepulcros de la familia, denotando el sentido trascendente de la vida y la firme creencia en juicios divinos que la familia posee.

      Las tres inscripciones: a lealtad, el orgullo y el sentido trascendente de la vida representan los puntos básicos sobre los que se sustenta no solo las creencias de una familia noble, sino que constituyen, a su vez, un digno ejemplo de la lucha por la supervivencia de un linaje.

      Apóyese el turista y el que no lo es y fije su mirada en la fachada e imagine cada personaje, cada hombre y mujer que vivió entre esos muros y estime, valore y aprecie como nosotros mismos hacemos la historia de un pueblo orgulloso de si mismo y deseoso de ser apreciado por los demás.

      La fachada del Palacio de los Golfines de abajo ya fue cantada por los poetas y dice otra leyenda del lugar, que los atardeceres del verano en Cáceres son tan largos y hermosos porque el sol se despide cada día lánguida y perezosamente de las piedras del Palacio de los Golfines de abajo Los rayos del sol besan plácidamente cada piedra antes de partir, enamorado e impaciente por un nuevo día.




© Senderos de Extremadura, 1999.
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