senderos de extremadura
LA Jerusalén DE LAS HISPANIAS

José Luis Mosquera Müller.
Fotos: Rafael Luque Rojo


[Establecimientos de Mérida en ALEX]

        Entre lo popular y lo ascético, a mitad de camino entre la austeridad castellana o el barroquismo andaluz, las cofradías y hermandades de penitencia emeritenses mantienen su propia identidad en las Paso del Prendimientomanifestaciones religiosas, surtiéndose de las fuentes profundas que la historia -y por qué no decirlo, también la arqueología-, han ido dejando sobre la epidermis de esta vieja ciudad en la cual hasta la toponimia tiene resabios de las duras cuaresmas de antaños ¡Ah, callejón embarrado de la Amargura!... Procesiones las hubo desde época visigoda, constatadas en el opúsculo "De la Vida y Milagros de los Padres de Mérida", y se mantuvieron durante el emirato como una parte más del rito mozárabe. No podía ser de otra forma, y en esta villa, vejada y arruinada por casi todas las guerras y calamidades que por la Piel de Toro han acontecido, los paisanos tuvieron que aferrarse a lo divino para suplir, en la esperanza de una mejor vida, las desgracias que la existencia terrena les proporcionaba. La penitencia era un medio cruel, pero necesario, para obtener tal fin, y desde la Baja Edad Media prenden aquí las predicaciones de San Vicente Ferrer (consta aquí como se erige una de las primeras cofradías existentes en la Península de la Vera Cruz), y se hace común la existencia de 1 cofradías de sangre o aquellas que, compuestas por clérigos, mantenían culto a ciertas imágenes (de todas aquellas todavía a alguna se procesiona y rinde culto, como es el caso del patético Cristo tardogótico de la "O", imagen titular de la Junta de Cofradías y joya de la protoima-ginería extremeña). Solían ser tallas sacadas a las callejas por los emeritenses con motivo no sólo del tiempo litúrgico, también para acallar tormentas, apaciguar desbordamientos o atenuar mortandades. También la devoción mariana arraiga pronto en la ciudad y desde fines del XVI constan procesiones de dolorosas cuyas imágenes, hoy desaparecidas (como también se arruinaron los desamortizados templos y conventos que las o albergaban), mantienen su nombre en la imaginería de las hermandades del presente, todas ellas herederas directas de aquellas que, por una u otra razón, fueron extinguiéndose durante el siglo XIX. Con el advenimiento del siglo XX se retorna el discurso devocional e histórico con la refundación de la tetragenaria Cofradía del Santísimo Cristo del Calvario uniéndose a la Hermandad de la Virgen de los Dolores, que hasta ese momento era estrictamente femenina. Hacia los años veinte otro nutrido grupo de emeritenses, desde la basílica martirial de Cofradía Infantil a su paso por el Arco de TrajanoSanta Eulalia, atan también hilos con el pasado refundando las Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Tras la Contienda Civil barriadas y colectivos profesionales (incluso existe una cofradía integrada en su mayor parte por niños, cantera que viene a ser luego del resto las hermandades), se suman a esta eclosión cofradiera, encargando imágenes a los mejores imagineros y escultores del momento (Pineda Calderón, Echegoyen, Castillo Lastrucci, Juan de Avalos....), y cada una de ellas en su expresión formal con peculiaridades que las singularizan del resto de las hermandades. Aunque, sin duda, existen momentos álgidos en cada recorrido procesional que nadie debería perderse, creyente o no:

  • La inquieta salida de niños acompañando a la entrada de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos, o esta misma cofradía (Real Hermandad y Cofradía Infantil de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli y Nuestra Señora del Rosario) el Lunes Santo sacando de la concatedral emeritense, entre otras, a la desgarradora talla del siglo XVIII del Cristo de las Injurias.
  • La Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo del Calvario, Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísima Virgen de los Dolores y María Santísima de la Amargura procesiona, desde el camarín-ermita del Calvario, el Martes, la madrugada del Viernes Santo y el propio Santo, el mayor elenco imaginero de toda Extremadura, destacando eso sí la representación del Misterio del Descendimiento del Santísimo Cristo del Calvario, tal y como se hacía en el siglo XVII, siglo en el que fecha la talla o el mantenimiento del acompañamiento femenino de la Soledad en su soledad por cientos de mujeres, como hicieran las emeritenses de finales del XIX.
  • La Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Santísimo Cristo de los Remedios y Nuestra Señora del Mayor Dolor tiene en el encuentro en la puerta de la villa del Nazareno y su Madre un momento de tumultuosa emoción el Miércoles Santo, el patetismo del Cristo de los Remedios el Jueves Santo contrasta con la alegría desbordante que preside la procesión del Resucitado la madrugada del Domingo de Resurrección.
  • Nuestra Sra. del Mayor Dolor. La Cofradía Ferroviaria del Descendimiento, Santísima Virgen de las Angustias y Nuestra Señora de la Esperanza saca a la calle, Jueves y Viernes Santos, descomunales pasos del Descendimiento y una notable Piedad, ambos del imaginero Blanco Pajares.
  • Hay que ir al barrio de los humildes de recogida para admirar como el Rey de reyes se deja prender traicionado por un beso y como gitanos y payos, en unión, hacen de los aledaños de la Parroquia de San Francisco de Sales un Getsemani todo iluminado por antorchas. Y eso es lo que hacen los hermanos de la Cofradía del Prendimiento y Nuestra Señora de la Paz la tarde-noche del Jueves Santo.
  • La Cofradía de la Vera Cruz y María Santísima de Nazaret, todos los Jueves Santos, se deja ver austera, como no podía ser de otra forma en una cofradía que porte tal nombre.
  • Pasa por el puente romano el Jueves Santo, de noche ya, el Cristo de las Tres Caídas desde la nueva Mérida hacia la ciudad romana. La Cofradía del Santísimo Cristo de las Tres Caídas, la de los jóvenes de la Mérida joven, también es austera en su discurrir.
  • Pero, si cabe, la desnudez penitecial o, como un periodista encabezó en su día el titular de una noticia, la "Semana Santa en estado puro" se presenta a través de la permanencia del Cristo de la O, acompañado en su Via Crucis por todos los emeritenses, cofrades o no, en el Anfiteatro Romano, la madrugada del Jueves Santo.

       Para los creyentes que no pueden ir a Jerusalén, la Semana Santa de Mérida es una buena oportunidad que deja comprobar que la historia se cumplió, y para todo aquel que admire madera y piedra, talla y cantera, conjugará aquí su deseo de ver, de este modo, la Pasión de una Fe que pervive y de una civilización como la romana que, aún después de muerta, no deja de perpetuarse.

Cristo de la O.




© Senderos de Extremadura, 1999.
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