senderos de extremadura
CECLAVÍN Artesanía y Tradición en el Valle del Alagón.

Jesús M. Montañés Pereira. ADT.


       Levemos anclas, partamos hacia la gran encrucijada, donde las tierras de Alcántara y el Alagón se disputan en eterna disyuntiva a Ceclavín. De igual modo los dos ríos, Tajo y Alagón parecen querer abrazar ambos sus tierras, tierras de "coquillos" de "machorritas", de caballos, de "enchinados" y de "borrascas", ingredientes todos ellos del importante bagaje etnográfico que el pueblo ha ido preservando a través de su azarosa historia.

      Es, a todas luces, una labor, la de proteger su cultura local, que los habitantes han ejercido con esmero, aunque quizás pudiera plantearse en un principio, como una sencilla alternativa a la dura tarea de sobrevivir en lo quebrado y agresivo que este terreno deparaba desde hace siglos a sus habitantes.

       Nos detendremos primero en las fiestas de diciembre; en medio de días grises, heladas y un general ambiente invernal. De repente el sonido de los tamboriles, panderetas, zambombas, sonajas y demás aditamentos quiebra el silencio de las centenarias calles: la "BORRASCA" ha llegado un año más a Ceclavín. Bueno es citar que, a ciencia cierta, nada se sabe de cómo comenzó el pueblo a desarrollar esta curiosa sucesión de eventos: "LA MACHORRITA" y "LOS CABALLOS" pero si podemos situar su más probable origen en el esplendoroso siglo XVI, en el que el municipio permuta su status por el de villa, merced a un privilegio de Carlos I, siendo el emperador hijo de doña Juana quien otorga el privilegio por el cual parece que comienzan estas fiestas.

      La "Machorrita" es una cabra estéril, que da pie a una centenaria "iconografía" de los habitantes, cada "borrasca", peña o pandilla acude en la noche del día 23 a la "majá" donde gestiona la obtención del animal, comprada a pastores o cabreros. En otros tiempos era ésta una ardua tarea, puesto que desde mucho tiempo antes se iba ahorrando para poder comprarla. Una vez conseguida vuelven al pueblo y es ahora cuando visten y adornan a las cabras con curiosos motivos culinarios: ristres de pimientos, naranjas y embutidos caseros, hojas de laurel y la pasean por las calles al son de las canciones típicas de la fiesta "Machorrita, machorrita qué poca vida te queda que estamos a 23 víspera de nochebuena", y todo ello aderezado por los dulces caseros y los caldos locales, huella presente de un pasado donde fueron muy famosos.

      La tarde del día 24 de diciembre, como se viene celebrando desde tiempo inmemorial se pregona el bando de la alcaldía:

"que celebrándose en la noche del día de hoy la tradicional fiesta de la borrasca, haciendo justicia a nuestros antepasados ruego, que como ellos, se tomen las diversiones típicas con la mayor fraternidad, sin molestias para nadie y con la alegría propia de corazones sanos y sentimientos religiosos".

      Cada "Borrasca" acude como cita inmediata esa noche a la misa del gallo y una vez terminada ésta la bulliciosa multitud pasea tocando los instrumentos citados: sonajas, tamboriles, zambombas etc. acude a casa de amigos y familiares, donde son agasajados con los elementos propios citados de esta singular celebración. Aunque debemos consignar al cochifrito y a la chanfaina como platos más genuinos.

      Globalmente, podemos considerar estas noches en Ceclavín como verdaderas borrascas pero humanas, de gente que se echan a la calle esos días.

Echame una copa
Coquillos queremos
De ese vino blanco
gorrones pelaos
Echame una copa
porque los coquillos
Que si no no canto
ya se han acabao
Echame una copa
De ese vino tinto
Echame una copa
que si no no brinco

      Muy breves notas sobre las canciones cantadas en estas fechas guardadas en su mayoría por las gentes de mayor edad aunque últimamente hay intentos de que se difundan entre los más jóvenes para poder preservarlas mejor.

Sin solución de continuidad Ceclavín acomete la celebración de "los caballos", los días 26 y 27 de diciembre, donde es protagonista, sin lugar a dudas, el caballo; es esta manera de transportarse la elegida por multitud de gente para acudir al santuario de la patrona la virgen del Encinar en plena dehesa boyal. Los jóvenes preparan sus caballos con las mejores monturas y albardas, pero además de a caballo los clavineros acuden en burros, en carros aderezados para la ocasión o incluso a pie. Una vez allí, los jinetes realizan con sus monturas un curioso rito en el que algunos han querido ver algún tipo de influencia árabe. Efectúan tres vueltas alrededor del santuario para que la virgen preserve a sus cabalgaduras del temible "torzón". Otros autores lo escenifican como un rito de iniciación o fertilidad de los jóvenes. Una vez visitada la patrona, vuelven todos al pueblo donde se repite el ritual de días anteriores. A sus pasos son agasajados con la variada despensa ceclavinera, dulces como los coquillos, las floretas, las perrunillas, anís, vino etc., tomando de nuevo la calle una variopinta multitud de jinetes entonando canciones como:

"Echeme usted buen vinito
que el agua me hace mal
Mas quiero soplar mosquitos
que oir la rana cantar
que oir la rana cantar
Dentro de mi cuerpecito"
"Hasta que no te emborrachas
No vienes en busca mia
Ojala te emborracharas
Todas las horas del día
Esquilones de plata
Bueyes rumbones
Estas si que son señas
De labradores".

      Hay que hacer hincapie en la importancia y variedad del cancionero local conteniendo referencias a épocas pasadas como las expropiaciones de Mendizábal, la vida en el campo o ingredientes satíricos y picarescos con cierta soma que en general son de buena aceptación.

      Una vez que las borrascas han recorrido todas las casas llega la hora de que los jinetes galopen por la calle Granadera con gran expectación por los allí congregados. Los caballos galopan desde la plaza mayor a la avenida Juan Carlos I, antes calle del Cristo. En la Borrasca existe una participación general si bien es cierto que los más jóvenes son los que la viven con más intensidad.

LA SEMANA SANTA       

dentro de lo inequívocamente religioso de estos días en toda Extremadura, en la localidad también tienen lugar hechos reseñables, dormidos una vez más en los primeros tiempos del municipio. Siendo coyunturalmente lo religioso algo unido indefectiblemente a la historia de la localidad, su patrimonio histórico religioso sale a relucir durante estos días, además durante los días jueves y viernes santos se escenificaba una curiosa forma de proceder en las procesiones. El jueves santo sale en procesión la imagen del Cristo de la Luz, talla de gran majestuosidad, acaso por lo pausado de su avance debido a su peso, instaurada originalmente "sólo para hombres".

      De igual manera, el Viernes Santo, tiene lugar la procesión con "La Virgen de la Soledad", "sólo para mujeres", aunque en la actualidad ambas celebraciones han perdido ya ese carácter diferenciador. El Sábado santo, y tras la misa del resucitado tiene lugar otro hecho destacable, en la plaza mayor se encuentran las imágenes del resucitado y la virgen, encuentro que es acompañado por los vecinos con salvas y cohetes; las imágenes son lanzadas al aire y puestas una al lado de la otra escenificando un autentico y alborozado encuentro. No hay que olvidar que en épocas de pasado esplendor llegó a contar Ceclavín con 18 ermitas, intra y extramuros de la también desaparecida muralla que bien por causas bélicas y otras de tipo coyuntural abandono, lejanía del casco urbano etc. no se han conservado hasta la actualidad.

     De igual manera el municipio contaba con varias cofradías entre las que mencionaremos por su importancia la de la Santa Veracruz, establecida el primero de abril de 1512 dedicada al enterramiento de pobres y foráneos utilizando para ello la ermita de la Misericordia, hoy desaparecida, sita junto a la Torre del Reloj en la plaza mayor.

Otras tradiciones y fiestas que perduran

      El Muñir, es consecuencia directa de la cofradía antes mencionada; los antiguos cofrades eran llamados así para acudir al sepelio de alguna persona. Cinco siglos más tarde se continua llamando a los vecinos según esta antigua fórmula: "todos los hermanos de la santa Cruz, acudan al entierro de X que vive en la calle X, por el amor de Dios".

      La Cruz de mayo: la cruz bendita se celebra el día de la cruz de mayo y consiste en la realización de pequeños altares diseminados por el casco urbano, con una cruz, un cuadro de la virgen o similar, básicamente en el fondo, aunque no en la forma, es similar a las realizadas en otras poblaciones extremeñas. Los altares se adornan además con flores olorosas y verdes, mestranzos, juncias etc.

La feria de San Miguel: esta celebración está ya documentada desde mediados del siglo pasado donde era hegemónico su mercado de ganado, el "rodeo". En el primer cuarto del siglo XIX llegó a cambiarse a verano, pero hacia 1847 volvió a su ubicación actual. Se celebra los días 29, 30 y 1 de octubre. El patrón San Miguel es llevado a la localidad y tras unos días regresa a su emplazamiento junto a la patrona en el santuano.

      La Romería del Martes de Pascua. Como en tantas poblaciones extremeñas Ceclavin celebra la romería de su patrona el martes de Pascua. Como ya habíamos citado anteriormente, el santuario de la Virgen del Encinar se alza de un blanco deslumbrante entre encinas y es, sin lugar a dudas, de los parajes más visitados por los ceclavineros, los ausentes y los presentes, que son numerosos por la emigración, cuando los períodos vacacionales lo permiten. En conjunto el santuario es una obra barroca del siglo XVIII. De cierto la devoción que los vecinos sienten por la virgen viene de muy antiguo y en la actualidad es potenciada más que nunca por los ceclavineros repartidos a lo largo del territorio nacional por el mencionado fenómeno migratorio.

      El martes de Pascua es distinto. Desde muy de mañana el recinto anejo a la ermita se ha poblado de "puestos" de variada suerte y condición; para los niños, los consabidos juguetes y demás atracciones, para los mayores vino de pitarra, peces en escabeche, amén de otras delicias culinarias locales. Esto por lo que respecta a la parte más lúdica y profana, pero hay más, dentro de un sentido más eminentemente religioso, la misa en el santuario y el SERMON predicado cada año por alguna personalidad eclesiástica que acude gustoso a esta muestra de exaltación mariana. En la misa se congregan ceclavineros de Cataluña, Madrid, País Vasco, todos en torno a la figura de la Virgen del Encinar. Tras la misa y el SERMON se saca la imagen en procesión por el recinto citado para quedar de nuevo dentro del Santuario. Por la tarde se suceden los acontecimientos, sin prisa pero sin pausa, bailes, comidas familiares, reencuentro con los que están fuera quienes viven intensamente este día puesto que la vuelta hacia la urbe está próxima. No podemos obviar la circunstancia de que cada cuatro años se produce una especie de prolongación de este día puesto que la virgen del Encinar es llevada a la villa y recorre sus calles engalanada con mantones, colchas, arcos profusamente adornados de vegetación, etc. Sucede a primeros de agosto y se conoce como "El Ramo".

      Sería caer en lo repetitivo enumerar a conciencia otras muestras etnográficas que la localidad atesora pero las citaremos, unas que se perdieron y otras que se conservan: El día de San Antón, el día de Los Santos, las hogueras de San Antón, San Pedro o San Sebastián, los carnavales o antruejos, los baños del Tajo. Son probablemente sólo extraños nombres para algunos pero para el ceclavinero que lea estas humildes líneas fuera del pueblo le asegurará une escalofrío cuando tantas y tantas estampas se le vengan a la memoria, esa memoria que entre todos los que están dentro y los que se encuentran fuera siguen construyendo día a día.

LA ARTESANÍA

      Inseparables de Ceclavín fueron los refranes que hablaban de vino, de uvas, o de alfarería, oribería etc. Y es que hasta en los tópicos se encuentra la huella de la historia. Plateros, cerrajeros, orives, alfareros etc, han dado fama a la localidad.       

      El elemento que más genuinamente diferencia a la cerámica ceclavinera es el denominado "Enchinado", paciente trabajo que los maestros ceramistas realizan desde generaciones, que consiste, básicamente en la incrustación de pequeñas piezas de cuarzo blanco sobre el barro, previamente oreado, siendo muy habituales, acabados finales de tipología estrellada o con alguna figura geométrica o floral. Existen en la actualidad dos familias que continúan la tradición: los hermanos Amores y Julián Simón, representantes de sendas "dinastías" ceramistas que han paseado la alfarería ceclavinera por todo el mundo. De igual importancia en Ceclavín, es la oribería, habiendo existido, en sus mejores tiempos, varios talleres, dedicados a trabajos sobre oro y plata, en los que llegaron a trabajar más de 60 familias realizando pendientes, gargantillas, y toda clase de aditamentos clásicos, como los "galápagos" o "tembladeras", nombre que reciben los elementos que aderezan los trajes regionales. Eran los oribes u orfebres ceclavineros, capaces de grandes producciones, que al saturar los mercados locales, se fueron derivando hacia otras provincias como Córdoba o Salamanca, para su posterior comercialización.

      En la actualidad Domingo Rosado es el último, de momento, representante de una saga familiar de oribes, desde su bisabuelo Argimiro Barcos hasta él, que combina la elaboración de piezas clásicas, con elementos más modernos. Es en suma, el bagaje cultural, que la localidad preserva, un capital de preciada importancia, apartada de saturados flujos turísticos, esperando esperando a ser "explorada", por gentes amantes de lo tranquilo, de lo natural, de la historia o la artesanía, y de pueblos como Ceclavin.




© Senderos de Extremadura, 1999.
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